Emily Eterna: absorbente y emotiva

  • Título: Emily Eterna
  • Autor: M.G. Wheaton
  • Editorial: Alianza (Runas)
  • Formato: rústica con sobre cubierta, e-book
  • Nº de páginas: 306
  • Traducción: Raúl García Campos
  • Diseño de cubierta: Octavi Segarra
  • Fecha de publicación: octubre de 2020
  • Fecha de lectura: enero de 2021
  • Enlaces de compra: Cyberdark (papel), Casa del libro (papel y e-book), Amazon (papel y e-book), Todostuslibros (papel)

La verdad es que la sinopsis de este libro, sin faltar a la verdad, no permite hacerse una idea fiel de todo lo que contiene. La reproduzco a continuación:

Emily es una conciencia artificial diseñada para ayudar a los humanos a procesar los traumas, lo que resulta especialmente útil cuando el Sol empieza a morir cinco mil millones de años antes de lo que los científicos calculaban. La raza humana está condenada, pero Emily descubre que la solución podría estar en el genoma humano.

Efectivamente, Emily es una conciencia artificial –un escalón por encima de las IAs– cuyo trabajo es más o menos el mismo que hacen los psiquiatras o psicólogos, pero con la ventaja de poder conectarse con sus pacientes a través de un chip neuronal, lo que le da un acceso prácticamente ilimitado a sus recuerdos y sentimientos. También es cierto que el libro arranca con el anuncio de la extinción casi inmediata del sol y, por lo tanto, el fin de toda forma de vida sobre la Tierra, incluida la raza humana. Y, sí, el genoma humano aparece como parte fundamental de una de las soluciones posibles.

Sin embargo, al leer esta sinopsis yo me esperaba una historia más intimista, sobre personas tratando de asumir no solo su propia muerte, sino la extinción de toda su especie, y Emily ayudándolas en el proceso. Y lo que me he encontrado ha sido un thriller lleno de giros inesperados y acción trepidante que me ha mantenido pegada a sus páginas todo un fin de semana.

No quiero revelar nada de la trama, pero digamos que la primera parte del libro contiene el tradicional planteamiento. En unos pocos capítulos conocemos a Emily, descubrimos sus fantásticas capacidades y se presenta el problema de la extinción del Sol. Esta primera parte, de lectura más reposada y que coincide bastante con las expectativas que me había formado, termina sin embargo con un giro radical en la trama que convierte el resto del libro en una carrera frenética contra el reloj y contra otros elementos de los que, por supuesto, no hablaré.

Quizás el principal atractivo del libro, además de lo adictiva que resulta la historia y la forma en que está contada, es su personaje protagonista. Es la propia Emily la que narra en primera persona sus aventuras y sentimientos –sí, Emily tiene sentimientos–, sus tribulaciones y dilemas morales, que no son pocos y, acuciada por la necesidad, descubre formas muy imaginativas de utilizar sus capacidades empáticas. Aunque en todo momento el lector, como el propio personaje, es consciente de que Emily no es más que un programa informático alojado en unos servidores –lo cual se convertirá en ocasiones en un obstáculo más que debe salvar– no puede evitar pensar en ella como en una persona. Y en no pocas ocasiones, mucho más humana que otros personajes de la novela.

Además del carisma innegable de la protagonista y de lo absorbente de la trama, este libro plantea también temas para la reflexión. El derecho a la intimidad, la libertad y el libre albedrío, cuestiones que probablemente todos consideramos irrenunciables en nuestras vidas, pueden resultar secundarias en un escenario de extinción inminente. ¿O quizás no?

¿Se puede intentar salvar a alguien sin tener en cuenta sus sentimientos o deseos? Un cerebro electrónico, capaz de calcular los pros y los contras de cada decisión con mucha mayor rapidez y eficacia que cualquier equipo de personas, sin duda elegirá la opción con más probabilidades de éxito. Pero ¿y si para ello debe prescindir de la esencia de aquellos a los que pretende salvar? Estamos, una vez más, ante la eterna pregunta: ¿el fin justifica los medios?

Otro tema de indudable interés, que sí se apunta en la sinopsis, es el de la manipulación genética. ¿Se puede acelerar el proceso evolutivo de forma artificial? La selección natural requiere miles de años para producir una evolución significativa, una nueva especie. Pero ¿y si ese cambio es necesario para la supervivencia inmediata?

A pesar de lo que pueda desprenderse de lo dicho hasta aquí, la novela también tiene su ingrediente preapocalíptico. No se centra en él, pero sí que se describen, como de pasada, entre escenas de acción, algunas de las consecuencias que todos esperaríamos ver cuando se anuncia el fin inminente de la humanidad: grandes movimientos migratorios, disgregación social, regreso a una economía de trueque… Pero también nos cuenta cómo las personas reaccionan de formas muy distintas ante tan espeluznante revelación.

En definitiva, Emily Eterna resulta una lectura absorbente, entretenida y, por momentos, también emotiva, en la que, enfrentada a su extinción inminente, la raza humana deja ver lo mejor y lo peor de sí misma. Y también veremos lo mejor y lo peor de las IAs.

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