Duramadre: una historia prismática

Duramadre, de Víctor Sellés
  • Título: Duramadre
  • Autor: Víctor Sellés
  • Editorial: Obscura
  • Formato: rústica con solapas
  • Nº de páginas: 286
  • Ilustración de cubierta: David Rendo
  • Composición de cubierta: Marc Vilaplana
  • Fecha de publicación: mayo de 2021
  • Fecha de lectura: mayo de 2021
  • Enlace de compra:

Hoy te traigo esta segunda novela de Víctor Sellés en Obscura Editorial. Tras el bombazo de Lengua de pájaros, tenía muchas ganas de leer más de este autor, así que me lancé sin dudar a por Duramadre.

Lo primero que me gustaría destacar, para aquellos de vosotros que hayáis leído también Lengua de pájaros y os haya gustado tanto como a mí, es que Duramadre no tiene nada que ver en principio con esa primera novela en castellano, por temática ni ambientación. Olvidaos de seres feéricos y mitología celta, de portales mágicos y cuentos populares. Duramadre está ambientada en el Madrid actual, con un enfoque bastante más realista –aunque tenga su tinte fantástico– y habla, directamente, del mal. Pero de un mal totalmente mundanal y cotidiano.

Aunque ambas novelas no tengan, a primera vista, mucho que ver, sí que se pueden encontrar algunos elementos comunes en las dos, tanto en la forma como en el fondo. Respecto a la forma, la hibridación de géneros creo que es ya una característica de este autor. Si Lengua de pájaros era una historia de fantasía con tintes de terror, Duramadre es en esencia una novela negra, con asesino en serie incluido, en la que se mezclan elementos oníricos, sobrenaturales y realidades paralelas. Incluso hay algún guiño a la ciencia ficción. Tal es la mezcla, que no sé muy bien en cuál de las categorías del blog colocarla. Probablemente las marque todas.

Respecto al fondo, hay temas comunes también en ambas novelas, pero como no pretendo hacer un estudio comparado ni nada parecido, los iré comentando al hilo de la reseña de Duramadre, que es a lo que hemos venido.

El fondo

La historia que cuenta esta novela es bastante sencilla en apariencia: Lorena, una adolescente sevillana, viaja a Madrid para ocuparse de su abuelo, que debe someterse a una operación quirúrgica. En la ciudad han desaparecido varias mujeres y se teme que un asesino en serie anda suelto por las calles. Por otro lado, la familia de Lorena arrastra las consecuencias de un suceso trágico –la desaparición del hermano pequeño de esta, años atrás– que cada uno enfrenta de forma distinta.

Con esta premisa, Víctor Sellés construye una historia de tono intimista, llena de capas y matices, de posibles interpretaciones y con varios temas de fondo que invitan a una reflexión profunda. El primero de esos temas ya lo mencioné al principio: la existencia en nuestro mundo del Mal, así, con mayúsculas, encarnado en personas concretas: sujetos que disfrutan con el sufrimiento ajeno, que no dudan en cercenar la vida de otros para satisfacer sus insanas necesidades. En Duramadre encontramos dos ejemplos claros, uno en el presente y otro en el pasado del abuelo, y ambos resultan realmente espeluznantes.

Víctor Sellés

Por otro lado, el abuelo tampoco fue ningún santo a lo largo de su vida. Él también hizo el mal y, a pesar de todo, no podemos dejar de verlo como una persona decente. Y esta es una de esas reflexiones que me ha provocado la novela: ¿hasta qué punto nuestras malas acciones nos convierten en malas personas? ¿Importan acaso los motivos por los que las llevamos a cabo?

Y esta reflexión lleva a otro de los temas presentes en Duramadre: la redención. Tanto Lorena como su abuelo se sienten culpables por la desaparición de Dani, el hermano pequeño, y cada uno trata de redimirse de esa culpa de forma distinta. El Viejo se empeñará en dar caza al asesino en serie; Lorena trata de recrear a su hermano en su mente, utilizando la tulpamancia, con lo que tenemos uno de los principales elementos fantásticos presentes en Duramadre, aunque no es el único.

El tercer tema, y uno de los que esta novela tiene en común con Lengua de pájaros, es el de las relaciones familiares conflictivas. Aparte del natural choque generacional entre Lorena –muy joven, aficionada al manga y preocupada por la ecología y la sostenibilidad del planeta– y su abuelo –un hombre con un oscuro pasado, acostumbrado a vivir solo y con un carácter bastante huraño–, todas las relaciones familiares están marcadas por la trágica desaparición del pequeño Dani y regidas por la culpa y el rechazo.

También encontramos en Duramadre un trasfondo de crítica social, como ocurría en la anterior novela de Sellés. A través de las nuevas amistades que establece Lorena en Madrid, de los jubilados de la plaza del barrio y de las escenas retrospectivas sobre el pasado del abuelo, el autor realiza un retrato bastante lúcido de la sociedad española y los cambios que ha ido experimentando en pocos años.

La experiencia lectora

Probablemente a estas alturas estés pensando algo como «vale, parece todo muy interesante y sesudo, pero ¿qué opinas de la novela? ¿Se deja leer o es un tostón?». Pues de tostón nada, todo lo contrario, y es una de las cosas que aprecio mucho en un buen libro: que sea capaz de plantear temas trascendentales y al mismo tiempo entretener, atrapar al lector en los entresijos de la historia y hacer disfrutar. Todo esto lo consigue Sellés con Duramadre.

Una de las técnicas que suele atraparme sin remedio en una novela es la de utilizar varias líneas temporales: las acciones y sentimientos de los personajes en el presente proceden de hechos pasados, a los que se alude, pero que solo se van descubriendo de forma paulatina a través de esos capítulos retrospectivos. Y en Duramadre me encontré eso por partida doble: el pasado de Lorena y el pasado del Viejo. Así, los capítulos alternan entre pasado y presente, entre la joven y el abuelo, y cada vez se nos da un poco más de información, hasta que, solo al final, dispondremos de todas las piezas necesarias para armar la historia completa. O, quizás, varias historias alternativas.

En cuanto al estilo de la prosa, es directa hasta tal punto que parece sencilla, pero se nota una gran precisión en la elección de cada palabra y cada imagen, con las que Víctor Sellés logra no solo narrar unos hechos, sino sobre todo transmitir ideas, emociones, pensamientos, sensaciones físicas y ambientes de manera muy efectiva –como cualquiera que haya pasado un verano en Madrid sabrá apreciar.

Diría que Duramadre es una novela para leer despacio, difrutando de cada palabra y cada página. El problema es que la historia resulta tan interesante que una no puede esperar para saber cómo continúa y de dónde viene. De hecho, me la leí en un par de sentadas, así que probablemente haga una segunda lectura más pausada en un futuro.

En definitiva, una novela negra con tintes fantásticos que contiene una historia polifacética, como las múltiples caras de un prisma, al que conviene darle unas cuantas vueltas para verlo desde todos los ángulos.

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