Dune, la historia inadaptable

Por Simón Bellido

Simón Bellido

Simón Bellido es un artista polifacético. Como escritor, ha publicado dos novelas, Tenebris (2015) y Victorianos, el Proyecto Ómphalos (2019). Pero también es actor y guionista y participa asiduamente en espectáculos teatrales amateur. Hasta que Hollywood le descubra, se gana la vida como informático.

El hecho de que estamos en este mundo de paso es algo tan obvio como que el cielo despejado es azul. Nacemos, sobrevivimos y morimos, dejando recuerdos en las personas con las que hemos coincidido en ese espacio de tiempo. Recuerdos que se podrán transmitir a nuevas generaciones que, si todo va bien, terminarán inmortalizando nuestro paso por la vida. Pero no nos dejemos engañar, porque como dice la película, nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto. ¿Y si consigues dejar huella? ¿No sería genial que el tiempo que has pasado vivo hayas sido lo suficientemente relevante como para que generaciones posteriores sigan hablando de ti? ¡Ojo! Ya que estamos, si no es por desatar la II Guerra Mundial mucho mejor. ¿Y si es por haber escrito una novela? Hablemos, pues, de… ¿Frank Herbert y Dune?

Antes de…

El universo conocido se rige por la existencia de la especia melange. Una sustancia psicotrópica, psicodélica y una larga lista de palabras con prefijos psico, cuyo origen está, única y exclusivamente, en un planeta desértico –que no desierto– llamado Arrakis y/o Dune. Gracias a esa sustancia, los Navegantes de la cofradía pueden plegar el espacio para los viajes interespaciales; algunos humanos han conseguido habilidades mentales superiores a las de las antiguas y prohibidas computadoras… y muchas cosas más.

Edición ilustrada de Dune, de Frank Herbert, por Nova (PEH), 2019
Dune, de Frank Herbert, edición ilustrada

Así pues, quien controla la distribución de la melange controla el universo, y la familia Harkonnen lo lleva haciendo desde hace muchos pero que muchos años. Hasta que un día el emperador Padishah Shaddam IV decide que ha llegado la hora de que los Atreides, eternos rivales de los Harkonnen, tomen el control de Arrakis. Y lo que parece ser un ascenso en la escala de poder dentro de las casas del Landsraad, tal y como dice el duque Leto Atreides, es un regalo envenenado que dará lugar a la caída y posterior ascensión de los Atreides.

La novela

Escrita en la década de los sesenta, fue premiada en 1965 con el Hugo, y al año siguiente, en su primer aniversario, con un Nébula. No fue hasta 1975 cuando la editorial Acervo decidió publicarla en nuestro país, convirtiéndose en una de las sagas de ciencia ficción más importantes hasta la fecha. La trilogía planificada se cerró cuando Frank Herbert publicó en 1969 El Mesías de Dune y, siete años más tarde, Hijos de Dune.

Pero, si algo tiene éxito, ¿por qué no continuarlo? Así pues, en los años venideros Herbert continuó la historia con Dios emperador de Dune y Herejes de Dune, y la finalizó en 1985 con Casa capitular de Dune, dejando un final lo suficientemente abierto como para poder continuar.

Brian Herbert, hijo del creador de la saga, continuaría la labor de su padre con unos títulos que, a modo de trilogías y según los textos escritos por el propio Frank, nos explicaban lo sucedido antes de la primera entrega de la historia, mucho después de lo acaecido en el último libro y mucho mucho más atrás de lo que él mismo escribió en la precuela.

Las adaptaciones

Y si una historia tiene fieles seguidores, ¿por qué no traducir las palabras a fotogramas? Tras algunos intentos fallidos por parte de otros directores, David Lynch logró en 1984 la primera adaptación de Dune. ¿Sabíais que Dalí iba a interpretar al emperador en una de las versiones malogradas? Había mucho mensaje que transmitir y los medios con los que se contaba allá a finales de los 70 no lo hacían fácil.

Hubo intentos de cambios argumentales, como por ejemplo uno en el que Dama Jessica mantenía relaciones incestuosas con Paul, concibiendo a Alia, algo que no gustó al autor de la novela. Pero la adaptación de Lynch tampoco iba a ser un campo de rosas. ¿Cómo se podía adaptar una historia en la que una parte importante la constituía la relación entre los personajes? ¿Cuántas horas debería tener la cinta para ser un reflejo fiel de la historia original?

Cartel de la película Dune de David Linch
Cartel de Dune de David Linch

Hasta que llegó alguien y pensó que quizá no era problema de la adaptación de la historia, sino del formato al que se quería trasladar. En el año 2000 se estrenó la miniserie de tres capítulos Dune, la leyenda, que consiguió dos de sus tres nominaciones a los Emmy: “Mejor cinematografía destacada para una miniserie o una película” y “Excelentes efectos visuales especiales para una miniserie, película o un especial”. Tres años más tarde se estrenó Hijos de Dune, con el mismo formato que su predecesora y con un éxito parecido.

Los hados parecían querer decir que estábamos cerca de averiguar la fórmula para adaptar Dune.

La era Villeneuve

Estadísticamente era casi imposible empeorar lo que teníamos sobre la mesa, pero ¡oiga usted! cosas más difíciles se han hecho en el mundo del cine. Así pues, Denis Villeneuve anunció el reparto de las personas que iban a encarnar a los personajes de Frank Herbert.

Vale, todo bien, el casting resultó aceptable. Pero eso no era lo importante. Queríamos ver el resultado final. Así pues, con un subidón de nivel estratosférico, un servidor se fue a ver lo que habían hecho con el título.

Cartel de la pelíula Dune, de Villeneuve
Cartel de Dune, de Villeneuve

Salí de la sala con una sonrisa. ¡Denis Villeneuve lo había conseguido!

La película, en gran medida, era una fiel adaptación de la historia que se había escrito hacía sesenta años. ¡Estaba viendo con mis propios ojos las estructuras megalómanas que un día imaginó Herbert! ¡No había cambios en el guión! La historia transcurría como me esperaba. Parecía que un director por fin había entendido que cuando un lector va a ver una adaptación, no necesita salidas innecesarias e inventadas de guión para causar una sensación de sorpresa. Queríamos ver que todo estaba en su sitio tal y como nos lo imaginamos cuando los fotogramas eran letras.

El sacrificio

Pero para adaptar Dune y no morir en el intento era necesario inmolar partes de la historia. De qué prescindir era una decisión difícil, porque lo que hacía a Dune ser Dune era en parte toda la historia que no está contada directamente.

Se tuvieron que obviar términos como la Jihad Butleriana, y el por qué no había computadoras o máquinas pensantes en todo el universo conocido. Y puestos a eliminar esto, ¿qué tal si los mentats, los sustitutos de los ordenadores, son mencionados de pasada? ¡No, mejor! ¡Vamos a hacer que uno de ellos ponga los ojos en blanco y suelte una cifra aleatoria, así, como que ha hecho los cálculos super rápido! Obviamente, esto merma protagonismo a personajes que en la novela son cruciales en el desarrollo de, por ejemplo, el propio Paul Atreides. ¿Sabíais, pues, que el propio Paul había sido adiestrado como un mentat? Quizá el worldbuilding elaborado y meticuloso de Herbert ha sido, en definitiva, el más perjudicado en toda la adaptación. Poco se habla de la importancia de la CHOAM, de la cofradía y sus navegantes y el interés que tienen todos en conspirar contra la casa Atreides. Eso sí, nada importa si tenemos a Zendaya en un eterno anuncio de perfume francés.

Las opiniones

El interés por otras formas de ver la obra y por escribir una opinión teniendo en cuenta diferentes puntos de vista me ha llevado a pedir ayuda a dos grandes escritoras: Elia Barceló y Aranzazu Serrano. Además, el pasado 6 de noviembre, dentro del marco del Festival de literatura fantástica 42, Barceló se batió en duelo con el también escritor Emilio Bueso, en la sala de la mítica librería de Barcelona, Gigamesh.

Así pues, armado con cuatro opiniones, de cuatro escritores, llego a una conclusión que por todos es sabida: para gustos, los colores.

Elia recalca la importancia del cine en nuestra sociedad y el mensaje que transmiten las películas. Así pues, dada la actual situación social, en la que la lucha por conseguir unos derechos es diaria, y en la que todavía nos quedan largas batallas que librar, adaptar una historia llena de machirulos testosterónicos es equiparable a dar un paso atrás. Para Barceló, Dune es una obra que nació antigua, pues no exponía ninguna novedad dentro del género: otras autoras, en la misma época en la que Herbert publicaba Dune, se atrevían ya con personajes o historias más transgresores y fuera de los cánones sociales de los sesenta.

En cambio, en el polo opuesto de la opinión tenemos a Serrano y Bueso, que aúnan sus voces para alabar todo el trasfondo que esconde el universo de Dune. Ambos tienen en cuenta la obra completa, algo que ayuda a entender el concepto general, la crítica contra las grandes corporaciones, el conflicto medioambiental de Arrakis, la trama mesiánica…

Os dejo el enlace al video de la conversación, en la que participamos los cuatro, aquí.

La reflexión

Después de haber leído las respuestas de Elia Barceló y de Aranzazu Serrano, y habiéndome visto la charla para tener en cuenta las palabras de Emilio Bueso, llego a la conclusión de que todo está mal planteado. No se trata de si Dune es buena historia o mala, todo depende del ángulo desde el que la mires.

Si tomamos como referencia el conjunto de la obra de Herbert, entenderás la postura de Aranzazu y Bueso, en lo que al mensaje que hay más allá de la historia se refiere. Mientras que si atomizas el universo de Dune, entra en juego lo subjetivo y factores externos, como por ejemplo la edad a la que la lees, tu estado mental y/o anímico… Y suscribo las palabras de Elia cuando afirma algo que es obvio: si una primera temporada de una serie no te gusta ¿continúas viéndola?

Esta teoría, la de que Dune es una obra para tratar en conjunto, cobra fuerza con lo mencionado en el apartado del Sacrificio. Considero que Dune de Villeneuve es una fiel adaptación de la obra de Herbert a nivel molecular, pero le falta el alma, imposible de conseguir hasta que no esté todo el conjunto.

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