La ensenada del diablo: un novelón

  • Título: La Ensenada del Diablo
  • Autor: Todd Keisling
  • Editorial: Dilatando Mentes
  • Formato: rústica con solapas
  • Disponible en e-book: no
  • Nº de páginas: 540
  • Traducción: José Ángel de Dios
  • Ilustración de cubierta: Ah Taut
  • Fecha de publicación: enero de 2025
  • Fecha de lectura: marzo 2025

Hoy te traigo lo que yo llamo no una novela, sino un novelón de terror. La Ensenada del Diablo, de Todd Keisling, es uno de esos libros donde pasado y presente se entretejen para contar una historia de estigma, culpa, redención y lucha por sobrevivir conservando la cordura.

Pero vamos por partes. No había leído nada de Keisling antes de esta novela, así que era un autor desconocido para mí. Sin embargo, ya había publicado antes en español, en concreto, La cinta Duncan (La Biblioteca de Carfax, 2024), y ha sido dos veces finalista de los premios Bram Stoker: en 2020 en la categoría de Novela, precisamente con La Ensenada del Diablo, y en 2023 en la categoría de Antología con Cold, Black, & Infinite (Cemetery Dance, 2023). Lo cierto es que, después de leer esta novela, seguramente me compre La cinta Duncan. Si dos de las mejores editoriales de terror que tenemos en España han apostado por este autor, seguro que merece la pena. Si quieres más información sobre Todd Keisling, puedes visitar su página web.

Ahora, hablemos del libro. La historia se desarrolla en la pequeña localidad de Stauford, en Kentucky. Allí tienen lugar sucesos terribles en la década de los ochenta del siglo pasado y el protagonista, Jack Tremly, aún un niño en aquella época, es uno de los pocos supervivientes. Años después, tras el fallecimiento de su abuela, regresa al pueblo para hacerse cargo de su herencia. Pero el legado de Imogene Tremly va mucho más allá de una casa y unas cuentas bancarias.

Como ves, La Ensenada del Diablo contiene una de esas historias de regreso a los orígenes que, en nuestro amado género de terror, suelen ser traumáticos o, directamente, espeluznantes. La historia de Jack Tremly no es una excepción. Su propia existencia es fruto del maquiavélico plan de Jacob Masters, pastor de la Iglesia del Señor de las Voces Sagradas, quien lo engendró –a él y a otros cinco niños, en seis feligresas distintas– solo para ofrecerlo como sacrificio a su oscuro dios.

No te voy a contar cómo se salvó de tan terrible destino, ni cómo fue su vida ni las de sus medio hermanos hasta alcanzar la edad adulta. Esas historias se van revelando poco a poco a lo largo del libro. Lo que sí puedo adelantar es que, aparte del ser sobrenatural que acecha en la Ensenada del Diablo –que, por cierto, es un lugar real–, vas a encontrar un pueblo maldito. Un lugar de esos donde, si retiras la fina capa de normalidad y moralidad que lo cubre, aparece un substrato de odio, maldad y podredumbre. Y de eso se alimenta el mal que aguarda su momento.

Había hombres del saco más grandes en el mundo que el fantasma de un predicador loco muerto (…). Además, solo eran historias. Y como todas las buenas historias, las semillas de la verdad estaban enterradas en la ficción. Habían echado raíces allí, alimentadas con la sangre de los inocentes y, tras décadas de gestación, pronto estarían listas para brotar.

La ensenada del diablo, pág. 251

En realidad, aunque aparentemente el papel principal de la novela lo tiene Jack Tremly, su historia es solo una parte de la de Stauford, auténtico protagonista y cuya relación con el mal viene de antiguo. Es una de las razones por las que me ha gustado tanto esta novela. Digamos que empieza narrando hechos terribles acaecidos en un pasado reciente. Después, da un salto temporal hasta la actualidad y, al mismo tiempo que Jack va indagando en el legado y las actividades de su abuela, se nos van revelando detalles sobre el pueblo, sus habitantes y su historia más antigua y secreta. Esta estructura narrativa tiene en mí el efecto de engancharme al libro sin remedio.

Algunos de los detalles se revelan en el diario de Imogene Tremly, otros, en escenas retrospectivas narradas por sus protagonistas y el resto, los más escabrosos, aparecen en los sueños de Jack: auténticas pesadillas que son, al mismo tiempo, su fuente de inspiración como artista. El resultado es como si el lector fuera levantando capa tras capa de realidad, encontrando más podredumbre y repulsión a medida que profundiza.

La Ensenada del Diablo tiene mucho de terror religioso y satanismo. No hay diablos con cuernos, pero el pastor Masters adora a una deidad antigua y oscura que exige sacrificios humanos. Esa misma deidad, tan incomprensible como todopoderosa, provoca cierto horror cósmico, por la nula importancia que concede a los seres humanos, excepto para saciar su sed y hambre infinitas. Pero también tiene mucho de profundidad psicológica en sus personajes, en cómo las emociones, pensamientos e intenciones de cualquiera de ellos se pueden pervertir hasta lo indecible, incluso las más puras y altruistas en apariencia. NI que decir tiene que hay personajes cuyas intenciones nunca han sido las mejores, y esos son los primeros en sucumbir.

En suma, la novela me parece una profunda reflexión acerca de las raíces del mal. A través de la historia de Stauford y sus habitantes, Todd Keisling nos descubre todo un pozo lleno de miserias humanas, hipocresía, egoísmo, odio y discriminación burbujeando en un caldo inmundo que, por supuesto, termina explotando. Frente a todo esto, la única esperanza es la fuerza y la determinación de un puñado de personajes que están dispuestos incluso a entregar sus vidas en el empeño. Lo dicho: un novelón.

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