
- Título: Beulah
- Autora: Christi Nogle
- Editorial: Dilatando Mentes
- Formato: rústica con solapas
- Disponible en e-book: no
- Traducción: José Ángel de Dios
- Imagen de cubierta: Ah Taut
- Nº de páginas: 382
- Fecha de publicación: enero de 2024
- Fecha de lectura: mayo de 2024
- Enlace de compra: web de la editorial
Beulah es la primera novela de Christi Nogle, premiada con el prestigioso Bram Stoker en 2022 y finalista del no menos meritorio Shirley Jackson. Estupendas cartas de recomendación. Yo no conocía a la autora hasta que recibí esta novela, que también es su primera obra traducida al castellano. Si te pica la curiosidad, como a mí, puedes cotillear su página web y enterarte tanto de otras obras que ha publicado en inglés como de sus proyectos más inmediatos.
Pero vamos al lío, que hemos venido a hablar del libro. Beulah es un pequeño pueblo de Idaho, situado junto a un profundo cañón. Allí llegan Georgie, una joven de 18 años, junto a su madre y sus dos hermanas, para iniciar una nueva vida tras la trágica muerte del padre. Se establecerán en una antigua granja-escuela casi en ruinas con la tarea de rehabilitar el edificio y con el apoyo de su propietaria, amiga de la madre de Georgie. Por supuesto, en la granja-escuela hay fantasmas, pero no se trata de una historia sobre casas encantadas, ni mucho menos. De hecho, los fantasmas están por todas partes.
Desde las primeras páginas de la novela queda patente que Beulah no es una historia de fantasmas al uso. No encontrarás almas atormentadas por lo que dejaron pendiente o no pudieron completar en vida, ni apariciones nocturnas acompañadas de arrastrar de cadenas, gemidos y lamentos de ultratumba ni muertos que deben entregar un mensaje urgente antes de poder disfrutar de su eterno descanso. Tampoco hay espíritus vengativos que persiguen a quienes les hicieron daño en vida o a sus descendientes para atormentarles hasta la desesperación. Los fantasmas de Christi Nogle tienen más que ver con huellas, improntas, vestigios del pasado que permanecen prácticamente en cualquier lugar donde ha habido presencia humana y que solo algunas personas pueden percibir.
Debes saber que es muy inusual que los muertos sean conscientes de su existencia. Esto nos remite al trabajo. La mayoría de ellos están atrapados en el aturdimiento o en el flujo de sus quehaceres. De hecho, la mayoría de ellos ni siquiera se dan cuenta de que los has visto. Simplemente están haciendo lo que sea. La niña aplicada está estudiando, el pintor está dándole vida a un cuadro, el escritor está redactando una novela, el profesor está enseñando…
Beulah, págs. 18 y 19
Georgie, la protagonista, es una de esas personas capaz de ver a los muertos. Este dudoso honor ha hecho de ella una adolescente extraña, melancólica, yo diría incluso depresiva, lo que la lleva a tener una relación también atípica con su madre y con su hermana Tommy, mucho más resolutiva y convencional que ella. En realidad, lo que cohesiona a esta disfuncional familia es el amor incondicional y el deseo de proteger a la hermana más pequeña, Stevie, compartido por las otras tres féminas. De hecho, la «acción» en la novela comienza cuando la benjamina está en peligro, quizás precisamente por compartir el don de su hermana mayor.
Una vez queda claro que Beulah no es una historia convencional de fantasmas, me gustaría destacar los dos rasgos que más me han hecho disfrutar: el mundo fantasmal que presenta y su narradora.

El mundo fantasmal
En numerosas ocasiones, la protagonista percibe simultáneamente dos mundos diferentes: el supuestamente real, el que todos los demás ven, tocan y huelen, y el «fantasmal», perceptible solo para ella. Hay que señalar que los fantasmas que Georgie ve no son solo figuras humanas, sino también edificios, carteles, mobiliario urbano que alguna vez estuvo ahí pero ya no. Esto da pie a Nogle para salpicar todo el libro con descripciones casi oníricas, donde ambos mundos se superponen. El resultado es una experiencia muy inmersiva para el lector, que asiste simultáneamente al pasado y al presente de lugares y personas.
Cuando la protagonista tiene esas visiones, a menudo comienzan con un cambio perceptible en el ambiente que la rodea: puede cambiar el clima, la luz, el olor o la temperatura, lo cual hace pensar en ensoñaciones pero también, en cierto modo, en un viaje momentáneo al pasado, sin perder del todo de vista el presente. Además, en muchas de esas descripciones Georgie mezcla sueños, recuerdos y sombras, como llama ella a esas presencias fantasmales, lo que provoca cierta sensación de ambigüedad e incertidumbre acerca de lo que realmente está pasando, lo cual me lleva al segundo de los elementos que me parecen especialmente reseñables en Beulah.
La narradora
La historia está contada en primera persona por la propia Georgie, que comienza la narración con su llegada a Beulah y dedica un capítulo a cada uno de los meses del año a lo largo del cual se desarrollan los hechos. Por lo tanto, tiene ese aire íntimo de los diarios, sin serlo del todo, en los que la protagonista comparte con el lector emociones y pensamientos que oculta celosamente a otros personajes de la novela.
Sin embargo, Georgie no resulta una narradora muy fiable. No solo es capaz de contar versiones diferentes de los mismos hechos, según quién sea su interlocutor, sino que además reconoce abiertamente que lo hace y que en su memoria las historias «se desvirtúan» y «siempre se convierten en lo que quieren ser».
Esta fue la historia que le conté a Betty, más o menos. No era falsa. Era solo la versión que tenía que ser en aquel momento (…). Era una versión verdadera, como lo eran las otras versiones mucho más difíciles de asimilar.
Beulah, págs. 77 y 78
Hay un capítulo concreto en la novela, uno que no lleva el título de ningún mes del año, donde esta facilidad de crear versiones, incluso finales, diferentes para una historia alcanza su máximo esplendor, llevando a esta lectora a dudar de si estaba leyendo sueños, fantasías, recuerdos futuros o simples elucubraciones de un espíritu inquieto. Y eso es algo que me encanta, tanto si hay una respuesta explícita al final –es el caso de Beulah– como si no.
Por otro lado, aparte de los capítulos dedicados a los meses del año, hay otros dos. El que abre la novela se titula «Cuando hables con los muertos» y el que la cierra, «Si caminas con los muertos». Ambos dan pistas clave sobre la verdadera intención de la narradora y protagonista al contar su historia, pero eso dejaré que lo descubras por tu cuenta, cuando leas la novela.