Para aprender, si la suerte nos sonríe: ci-fi hard intimista y empática

  • Título: Para aprender, si la suerte nos sonríe
  • Autora: Becky Chambers
  • Editorial: Crononauta
  • Formato: rústica con solapas
  • Disponible en e-book: sí
  • Traducción: Pilar Ramírez Tello
  • Ilustración de cubierta: Sara H. Brandt
  • Nº de páginas: 260
  • Fecha de publicación: mayo de 2024
  • Enlace de compra: web de la editorial

Por David Mancera

David Mancera es escritor e ingeniero. Ha publicado la novela corta Los colores del acero (Ediciones Dorna, 2019) y la novela La canción de arena (Obscura, 2024), además de varios relatos en revistas como Windumanoth y diversas antologías.

No, yo no soy Consuelo, la que os regala las mejores reseñas del mundo mundial, sino David, ese amigo de Consuelo que no escribe reseñas, sino otras cosas, pero al que Consu le dijo durante el último Celsius que tenía un buen puñado de reseñas pendientes y que, si me apetecía hacer yo alguna, adelante. Y claro, algo dentro de mí dijo: «¡dale, dile que sí, dile que tú reseñas la última de la Chambers!».

Y sí, Becky Chambers es esa autora estadounidense conocida principalmente por su saga de La Peregrina, esa cuyo trabajo ha sido aclamado y se ha hecho merecedor de tropecientos premios por su enfoque en la inclusión y por su habilidad para explorar temas como la diversidad, la empatía y la vida cotidiana en el contexto de universos de ciencia ficción.

Así que hoy toca escribir sobre Para aprender, si la suerte nos sonríe, una novela corta que se aparta del estilo serializado de La Peregrina para ofrecer una meditación independiente sobre temas como la exploración espacial, la responsabilidad ética y la resiliencia.

Publicada en 2019, To Be Taught, If Fortunate, apareció entre la tercera y la cuarta entregas de Wayfarers –en España, de momento, solo tenemos disponibles las dos primeras, de la mano de Insólita Editorial– y antes de las dos novelas cortas que componen la bilogía Monje y robot, disponibles por separado en catalán gracias a Mai Més, donde también se puede encontrar Aprendre, si tenim sort, y en un único tomo en castellano publicado por Crononauta.

Menciono este detalle de las fechas porque, como iréis viendo, me ha resultado muy interesante el modo en que esta obra se acerca y se aleja a la vez de la serie que comenzó con aquel largo viaje a un pequeño planeta iracundo, diferencias y similitudes que reflejan tanto la versatilidad de Becky Chambers como los temas centrales que atraviesan toda su obra.

La que hoy nos ocupa continúa el enfoque característico de la autora en la humanidad y la empatía, la ciencia ficción humanista y optimista, la prioridad de los personajes y sus relaciones frente a la trama, el worldbuilding de primerísimo nivel, la diversidad, la representación y un estilo de narrativa contemplativo como el que solo he encontrado en algunos autores japoneses, peeeeeeroooooo lo lleva todo a un nuevo contexto, uno que combina a la perfección la filosofía y la ciencia ficción dura. ¡Empezamos!

Becky Chambers

Exploración espacial con su pizquita de ci-fi hard

A diferencia de la serie de La Peregrina, donde me atrevo a decir que la ciencia y la tecnología sirven principalmente como telón de fondo para las relaciones humanas, Para aprender, si la suerte nos sonríe se sumerge más profundamente en los aspectos técnicos y científicos de la exploración espacial.

En La Peregrina, Chambers despliega un universo rico y detallado digno de la mejor constructora de mundos, lleno de diversas especies y culturas, cada una con su propia historia y estructura social. El worldbuilding de la serie es expansivo, nos invita constantemente a sumergirnos en un cosmos vibrante y variado. La atención al detalle en la creación de estas culturas alienígenas subraya el tema de la diversidad, no solo en términos biológicos, sino también culturales y sociales.

En Para aprender, si la suerte nos sonríe la construcción del mundo es mucho más específica y enfocada. Chambers dedica mucho tiempo a detallar los planetas individuales que los astronautas exploran, cada uno con su propia ecología y desafíos. En lugar de crear múltiples culturas alienígenas complejas, la autora se centra en cómo los humanos se adaptan a esos entornos.

Y si hablamos de adaptación y ci-fi hard, tenemos que mencionar la somaformación. Chambers nos presenta un futuro en el que la humanidad ha desarrollado una tecnología de modificación biológica que permite a los astronautas alterar sus cuerpos para adaptarse a las condiciones de los planetas que exploran.

Este enfoque en la ciencia detrás de la exploración espacial no solo añade un nivel extra de realismo, sino que destaca la capacidad de la humanidad para innovar y sobrevivir en condiciones extremas. La forma en que Chambers detalla estos aspectos científicos en su obra es accesible, aunque nunca simplista, lo que demuestra su habilidad para entrelazar ciencia ficción especulativa con una narrativa de las emociones y es un ejemplo de cómo la construcción del mundo en este libro es más técnica y centrada en la ciencia que en la diversidad cultural. Algo de lo que, por cierto, nos habla la propia autora justo tras los agradecimientos, en un «extra» maravilloso titulado Ciencia + Ficción = Chambers2.

Un viaje que habría disfrutado el mismísimo Platón

Sin embargo, lo que de verdad define Para aprender, si la suerte nos sonríe es su profundidad filosófica. La historia sigue a un equipo de cuatro astronautas en una misión para explorar exoplanetas y recolectar datos que enviarán de vuelta a la Tierra. Una Tierra a la que, por cierto, por las características de su viaje, no están seguros de poder regresar. Además, incluso si lo logran, tienen claro que encontrarán un planeta muy diferente al que dejaron atrás.

A medida que su viaje avanza, surgen preguntas sobre el propósito de su misión y el sentido de su trabajo en un universo tan vasto e indiferente. Chambers nos invita a reflexionar sobre temas de gran calado: ¿qué significa explorar cuando la humanidad en la Tierra podría haber cambiado irrevocablemente o incluso haber desaparecido? ¿Qué responsabilidad tienen los exploradores hacia las formas de vida que encuentran, incluso las microbianas o aquellas tan diferentes que es imposible entenderlas? A través de estos dilemas, Chambers expone su particular visión ética de la exploración, donde el respeto por lo desconocido es tan importante como la curiosidad que nos impulsa a buscarlo.

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers (Insólita, 2018)

Intimidad en medio de la inmensidad

Chambers hace magia una vez más con esta obra, porque a pesar de la escala épica de la misión de los protagonistas, es una historia profundamente íntima. Y aquí encuentro otro de los puntos donde creo que la autora se aleja conscientemente de La Peregrina para explorar otros territorios.

Las novelas de su aclamada serie son conocidas por su enfoque en el desarrollo de personajes y las dinámicas entre ellos. La historia se despliega a través de múltiples perspectivas, permitiendo que el lector explore un universo rico en diversidad cultural y biológica. Para aprender, si la suerte nos sonríe se centra en un único punto de vista, el de Ariadne, una de las astronautas, quien nos guía a través de sus pensamientos, miedos y esperanzas, lo que le da a la narrativa una intimidad que contrasta con la amplitud coral de La Peregrina. Este enfoque narrativo permite a la autora profundizar en los pensamientos y emociones de un solo personaje y explorar no solo los desafíos físicos de la misión, sino también los emocionales y psicológicos, lo que hace que la historia se sienta más introspectiva y personal.

El narrador en primera persona es una elección maravillosa –casi diría que imprescindible–, porque le permite a Chambers mostrar de una manera entrañable cómo los personajes mantienen su humanidad en circunstancias que podrían deshumanizarlos fácilmente. Mientras que en La Peregrina la historia se construye a partir de las interacciones y relaciones entre múltiples personajes, aquí el lector es invitado a una experiencia más solitaria y reflexiva, similar al aislamiento que los astronautas sienten en su misión. La soledad del espacio, la distancia insondable de la Tierra y la incertidumbre sobre el destino de la humanidad conforman un escenario donde la camaradería, la nostalgia y la esperanza se vuelven esenciales para la supervivencia emocional. Chambers en estado puro. ¿O no?

¿Qué clase de exploración espacial queremos?

En Para aprender, si la suerte nos sonríe Chambers también plantea una visión alternativa del futuro de la exploración espacial, una que es colaborativa en lugar de capitalista, donde a los protagonistas no los mueven el lucro o el afán de colonización, sino el deseo de aprender y compartir ese conocimiento con una humanidad que quizá nunca llegue a ver los frutos de su trabajo. Este enfoque contrasta con tantas narrativas de ciencia ficción que sistemáticamente plantean el espacio como un recurso a explotar, en lugar de un misterio que debemos tratar de conocer, sí, pero también de respetar.

Y vuelvo de nuevo la vista a la tripulación de La Peregrina: sus misiones están impulsadas tanto por la necesidad de entender a los demás como por el deseo de encontrar un lugar en el cosmos. La exploración es tanto física como social. Las historias se centran en cómo diferentes especies, culturas y personalidades interactúan en un espacio compartido, resaltando temas de inclusión y aceptación. La misión de los astronautas de Para aprender, si la suerte nos sonríe es más técnica, aunque también más ética, y está centrada en la observación y la documentación, más que en la interacción. Chambers utiliza esta estructura para cuestionar nuestro papel en el universo y las responsabilidades que conlleva el contacto con otras formas de vida, incluso cuando ese contacto es indirecto. La exploración espacial es más sobre una mezcla de descubrimiento y respeto que sobre integración.

El libro reflexiona además sobre la temporalidad y la continuidad. La posibilidad de que la misión del equipo pueda perder relevancia o incluso quedar olvidada plantea preguntas interesantísimas sobre la naturaleza efímera del conocimiento y el valor del esfuerzo humano, independientemente de sus resultados tangibles y prácticos.

Una órbita cerrada y compartida, de Becky Chambers (Insólita, 2020)

Esperanza coral versus reflexión solitaria

El tono es otro punto donde vais a encontrar a la vez diferencias y similitudes si habéis leído las otras novelas de Chambers. El de La Peregrina es optimista y colaborativo. Incluso cuando los personajes enfrentan dificultades, hay un sentimiento de comunidad y apoyo mutuo que impulsa la narrativa. La serie ofrece un universo donde la empatía y la comprensión son fuerzas poderosas, capaces de superar barreras culturales y biológicas. La Peregrina es una celebración de la diversidad y la capacidad humana para adaptarse y crecer en conjunto.

Esta historia tiene un tono más solitario y contemplativo. Aunque no llega a ser pesimista, se fija más en las implicaciones personales y filosóficas de la exploración espacial. Como os decía más arriba, los conceptos de soledad, distancia e incertidumbre le dan a la historia una cualidad más introspectiva. La esperanza no proviene tanto en esta ocasión de la comunidad, sino de la resiliencia individual y del compromiso personal con un propósito más grande que la narradora.

Y llegamos al final

Para aprender, si la suerte nos sonríe destaca por su habilidad para combinar la especulación científica con la exploración profunda de la condición humana. Becky Chambers, sin perder su característico optimismo y enfoque en la empatía, nos ofrece una historia que es a la vez un himno a la curiosidad científica y una reflexión sobre las responsabilidades que esta conlleva. En una época donde la ciencia ficción a menudo explora las consecuencias oscuras de nuestros avances, Chambers nos ofrece una visión en la que la ética, la humildad y la esperanza son tan vitales como la tecnología para llegar a las estrellas y conocer los mundos que albergan.

Quizás, frente a la celebración coral de la vida en todas sus formas de las crónicas de La Peregrina, la autora nos ofrece en esta ocasión una reflexión más solitaria –¿y más profunda?– sobre nuestro lugar en el universo. ¿Es esta la historia menos hopepunk de Chambers? Sí y no, aunque solo si la lees podrás responder a la pregunta 😉

Hay algo que sí tengo claro: para aquellos de nosotros que buscamos una ciencia ficción que no solo nos haga pensar, sino también sentir, que celebre lo mejor de la humanidad y se aleje del pesimismo y las tan habituales distopías «porque sí», Para aprender, si la suerte nos sonríe es una lectura imprescindible.

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