
- Título: Caramelo ácido
- Autor: Kealan Patrick Burke
- Editorial: Dilatando Mentes
- Formato: rústica con solapas
- Disponible en e-book: no
- Nº de páginas: 142
- Traducción: José Ángel de Dios
- Ilustración de cubierta: Raúl Ruiz
- Fecha de publicación: mayo de 2023
- Fecha de lectura: junio de 2023
- Enlace de compra: web de la editorial
Kealan Patrick Burke es un prolífico escritor afincado en Estados Unidos, aunque de origen irlandés, y Caramelo ácido es, hasta donde tengo noticia, la primera obra que publica en nuestro país, a pesar de haber sido nominado hasta en cinco ocasiones en los premios Bram Stoker y haberse hecho con el galardón en 2005. Además de haber escrito cinco novelas y varias series de novelas cortas bastante exitosas entre el público angloparlante, ha publicado varias novelas gráficas –entre ellas, la adaptación de este libro del que vamos a hablar– y hecho sus pinitos como guionista de cine e incluso como actor. En su página web, que enlacé más arriba, puedes ver dos cortometrajes de su autoría.
¿Por qué esta larga introducción hablando del autor, cuando suelo entrar sin preámbulos a comentar mis impresiones sobre los libros? Porque creo que esta querencia de Burke por el séptimo arte se nota, y para bien, en Caramelo ácido, el libro del que te voy a hablar.
Se trata de una novela corta que se lee en un par de horas y, mientras estaba leyendo, todo el tiempo tenía la sensación de estar viendo una película. Y una de terror de las que me gustan, sin demasiadas vísceras ni escenas gore, de las que no requieren complicados efectos especiales, sino que buscan provocar miedos atávicos en el espectador-lector.
Son tres los elementos del libro que contribuyen a darle ese aire cinematográfico: las descripciones concisas pero precisas, que forman instantáneamente la imagen adecuada en la imaginación del lector; la abundancia de diálogos ágiles y muy naturales, totalmente verosímiles para las situaciones en que se producen; y el ritmo endiablado con el que se suceden los hechos y los descubrimientos del protagonista. Hay, por supuesto, algunos párrafos más introspectivos, que describen sus emociones y pensamientos, pero son puntuales y no rompen la dinámica de la novela.

En cuanto a la historia que nos narra Burke en Caramelo ácido, es la lucha de un hombre que tiene que enfrentarse al dilema de aceptar su propia locura o asumir una realidad aún más aterradora. Pero ¿qué hay que dé más miedo que perder la razón? En este caso es… un niño. Y de nuevo, al mencionar este elemento central en el relato, me vienen a la cabeza títulos de películas –muchas basadas en libros sobradamente conocidos por los aficionados al terror– cuyos monstruos son o toman la forma de niños: La profecía (Richard Donner, 1976) y su aterradora escena final; Los chicos del maíz (Fritz Kiersch, 1984); ¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1975); o El pueblo de los malditos, con esos niños casi idénticos de ojos relucientes, en cualquiera de sus dos versiones (la de 1960, de Wolf Rilla, o la de 1995, de John Carpenter).
Todas esas películas, y los libros en los que se basan, juegan al contraste de situar la maldad, la crueldad o la amenaza más terrible bajo la apariencia frágil e inocente de los niños, con las peores consecuencias para los adultos que no pueden dejar de obedecer a su instinto de protección, lo cual casi siempre les impide aceptar la perversa realidad hasta que es demasiado tarde.
Caramelo ácido no es una excepción en este sentido, aunque añade otros elementos que, para mi gusto, le dan aún más valor. En concreto, la primera parte, en la que el protagonista se enfrenta a una realidad que no es la que recuerda, una realidad alterada, sin que esté claro si por alguna fuerza externa o por su propia mente, me trajo muchos ecos de series míticas como The twilight zone o Historias para no dormir. Por otro lado, la segunda parte gira directamente al terror más puro y, ya llegando al final, los giros dramáticos se suceden a un ritmo vertiginoso, jugando con la ambigüedad y las dudas del protagonista hasta llegar a la última vuelta de tuerca. Como ves, todo lo que te cuento podría formar parte del guión de una película o de un episodio de algunas de las series mencionadas. Así que no me extrañaría nada –es más, me encantaría– ver una futura adaptación de esta novela.
Respecto a la edición, tan cuidada como acostumbra Dilatando Mentes, incluye una breve nota del autor explicando de dónde le vino la inspiración para esta novela –si eres padre o madre no te extrañará que lo que vio le sugiriera una historia de terror– y un breve postfacio-ensayo sobre niños malvados en la literatura y el cine, que incluye todas las referencias que me vinieron a la cabeza y he mencionado más arriba y muchas más.