
- Título: Encrucijada
- Autora: Laurel Hihgtower
- Editorial: Dilatando Mentes
- Formato: rústica con solapas
- Nº de páginas: 189
- Disponible en e-book: no
- Traducción: José Ángel de Dios
- Ilustración de cubierta: Raúl Ruiz
- Fecha de publicación: mayo de 2023
- Fecha de lectura: junio de 2023
- Enlace de compra: web de la editorial
Encrucijada es una novela corta cuyo argumento podría resumirse en una sola frase: «¿qué estaría dispuesta a hacer una madre para salvar a su hijo?». Seguramente todos responderíamos de forma más o menos automática: «lo que hiciera falta». Hightower no viene a desmentir esta idea común, sino a reafirmarla de una forma retorcida, llevándola a extremos inimaginables fuera del género de terror.
En ese sentido, la sinopsis es suficientemente ilustrativa:
¿Hasta dónde llegarías para traer de vuelta a alguien a quien amas?
El mundo de Chris se desmorona cuando Trey, su hijo, fallece en un trágico accidente de coche. Los muros del dolor y la agonía se ciernen sobre su vida hasta que, un día, un corte fortuito en su dedo lo cambia todo.
Una gota de sangre cae de la mano de Chris sobre el suelo en el que está erigido el monumento conmemorativo en memoria de su hijo junto a la carretera y, más tarde, esa misma noche, Chris cree recibir la visita del fantasma de su hijo. Pero ¿es realmente su hijo o se trata de algo más, algo maligno?
Sinopsis de Encrucijada
Pero creo que la novela contiene más de una capa de lectura: al final se tocan temas más allá del principal y evidente del sacrificio materno en aras de la felicidad del hijo. En muy pocas páginas, y con una historia que transcurre en unos pocos días, Laurel Hightower nos habla del deseo profundo de ser madre, de la plenitud de una relación materno-filial prematuramente truncada así como de otro tipo de maternidades más longevas pero también más tóxicas; nos habla de relaciones sentimentales fallidas y otras que acaban de comenzar, de una generosidad y entrega hacia la pareja que son difíciles de encontrar en la vida real.
Una parte no precisamente pequeña del libro refleja, de una forma que ha llamado poderosamente mi atención, el dolor de una madre que pierde a su hijo. No solo el duelo por la repentina ausencia, sino la consecuencia lógica pero igualmente horrible de una vida truncada: la ausencia de futuro. Como madre, una de mis principales preocupaciones es saber qué les deparará la vida a mis hijos. Cada pequeño éxito, cada paso en la dirección que parece correcta supone una inmensa alegría, y cada tropiezo u obstáculo en su camino, incontables noches de insomnio y tribulación. Pero nunca me había planteado la alternativa aún peor a la que se enfrenta nuestra protagonista: la certeza de que ese futuro ha desaparecido por completo. O quizás no, si ella puede hacer algo al respecto.

Por otro lado, quiero destacar también la forma en que la autora va desarrollando la historia: muy gradualmente, de menos a más, de lo totalmente cotidiano y verosímil a lo más insólito y aterrador, pasando por todos los matices intermedios. Chris visita a diario el lugar donde su hijo perdió la vida, a la orilla de la carretera y bajo un gran árbol. Durante esas visitas habla con él, pero siendo consciente de que, en realidad, habla consigo misma –esto es algo normal, yo misma mantengo conversaciones mentales con personas que no están. A veces. Es normal. Creo–. A partir del momento en que su sangre cae accidentalmente en la tierra, esas conversaciones van cambiando hacia algo más insólito: un susurro en el aire, una silueta o una sombra fugaces… Y no quiero contar mucho más, pero la historia discurre con un crescendo de situaciones cada vez más extraordinarias, cada vez más aterradoras, y la protagonista transita desde el normal escepticismo hasta un doloroso salto de fe.
Precisamente, otro de los puntos fuertes de la novela es el profundo análisis psicológico del personaje protagonista. Vemos cómo una mujer normal, destrozada por una tragedia –de esas de las que nadie está exento, aunque tendamos a pensar que solo les ocurren a los demás– va evolucionando, enfrentando su propia racionalidad con su deseo más profundo: devolverle el futuro a su hijo. Y vemos cómo está dispuesta a aceptar sacrificios cada vez mayores, cómo mantiene la esperanza a pesar de todas las señales de alerta, porque perder ese pequeño atisbo de luz es algo que no se puede permitir. Aviso a lectores de estómago sensible que la experiencia no es precisamente agradable, sobre todo para quien tenga prevención contra las autolesiones y la mutilación, pero en mi opinión merece la pena.
En cuanto a la experiencia lectora, resulta una novela muy gratificante y fácil de leer. Su corta extensión, unida a un tamaño de letra realmente cómodo, incluso para cegatas como yo, hacen posible su lectura en una tarde o dos, si eres capaz de dejarla a medias. La prosa de Hightower –y la traducción de José Ángel de Dios– es llana, directa y amenizada con diálogos ágiles. La novela se organiza en veinticuatro cortos capítulos y la narración sigue una estructura cronológica lineal, con solo unas pocas referencias a hechos del pasado. En consecuencia, es una historia de esas que se devoran con fruición, algo que la autora ya nos ofreció en su anterior novela en castellano.
Por último, la edición de Dilantando Mentes, además de la increíble ilustración de cubierta de Raúl Ruiz e ilustraciones interiores en blanco y negro, incluye una emotiva introducción de Aine –encargada, además, de la corrección del texto– y la ya habitual sección final «Miscelánea» con las fuentes de inspiración de la autora y alguna referencia ofrecida por los editores y con la que coincido totalmente.