Los reyes filósofos (Tesalia II): paradojas temporales para la reflexión

  • Título: Los reyes filósofos (Tesalia II)
  • Autora: Jo Walton
  • Editorial: Duermevela
  • Formato: rústica con solapas
  • Disponible en e-book: sí
  • Nº de páginas: 417
  • Traducción: Blanca Rodríguez
  • Ilustración de cubierta: Paula Zamulio
  • Fecha de publicación: octubre de 2023
  • Fecha de lectura: octubre de 2023
  • Enlace de compra: web de la editorial

Jo Walton es una de esas autoras imprescindibles de la ciencia ficción actual que ha estado bastante olvidada por las editoriales españolas desde principios de los años 2000. Aunque algunas de sus obras se tradujeron al castellano –Garras y colmillos (La Factoría de Ideas, 2003), El círculo de Farthing (La Factoría de Ideas, 2008), Entre extraños (RBA, 2012) o La conspiración de Coltham (La Factoría de Ideas, 2014)–, esos libros están hoy en día descatalogados y prácticamente imposibles de encontrar, excepto de segunda mano y, en muchos casos, a precios prohibitivos.

Por suerte, la intención declarada de las editoras de Duermevela es precisamente recuperar autoras injustamente olvidadas, aparte de traer nuevas y originales voces al público español. Ya en 2021 nos trajeron traducida al castellano la primera parte de esta trilogía, La Ciudad Justa, que reseñé aquí. En la reseña de esta nueva entrega no haré spoilers de Los reyes filósofos, pero si no has leído aún el libro anterior, es posible que te encuentres más información de la deseada.

En realidad debería haber empezado esta reseña hablando de una estatua: la Victoria de Samotracia. Hace muchos muchos años cursé una asignatura de Historia del Arte y, a pesar del tiempo transcurrido, hay obras que recuerdo con especial adoración. Esta, en concreto, fue de las primeras que pude ver al natural, en mi única –por el momento– visita al Museo del Louvre, unos cuantos años después de haberla visto en innumerables diapositivas, libros de texto y enciclopedias –sí, así estudiábamos por aquel entonces, sin ordenadores, móviles ni Internet–. Y todavía me acuerdo del momento en que me la encontré, por sorpresa, casi nada más entrar en el museo, en lo alto de una escalera. Fue impresionante, en el sentido más literal de la palabra: esa imagen se quedó impresa en mi memoria.

La Victoria de Samotracia en el Museo del Louvre

¿Y por qué me viene a la cabeza esta historia totalmente irrelevante para todo el mundo, excepto para mí? Pues porque Los reyes filósofos comienza así:

Muy poca gente sabe que Pico della Mirandola robó la cabeza de la Victoria Alada de Samotracia. De hecho, la robó dos veces. La primera la robó de Samotracia, antes de que se redescubriera el resto de la estatua. Aquella vez contó con la ayuda de mi hermana Atenea. La segunda vez fue treinta años más tarde, cuando la robó del templo de Niké, en la República de Platón

Los reyes filósofos, pág. 13

Con estas pocas líneas, Jo Walton y sus reyes filósofos tenían toda mi atención. No solo ofrece una explicación apócrifa a la ausencia de la cabeza de la estatua, sino que establece el desencadenante de lo que va a narrar a continuación. La acción comienza veinte años después del momento en que termina La Ciudad Justa. Los patrones han envejecido y la generación de «los niños» está compuesta ahora por cuarentones, padres y madres de jóvenes y adolescentes, fruto casi siempre de los emparejamientos aleatorios de los festivales de Hera. La diversidad de opiniones sobre la mejor forma de realizar el ideal platónico ha llevado a la escisión de la sociedad, con la creación de cuatro ciudades más en la isla, cada una con su propia idiosincrasia.

Dada la educación filosófica y socrática recibida por todos los ciudadanos de la Ciudad Justa original, el conflicto no llega por cuestiones políticas, económicas o religiosas. Todo eso puede solventarse a través del diálogo y el respeto. Lo que hace que unas ciudades se enfrenten a otras es el arte o, mejor dicho, la posesión de las obras de arte robadas de todas las épocas de la historia con la ayuda de Atenea. El robo de la cabeza de la Victoria sería solo una incursión artística más, algo casi rutinario en la vida de la isla, si no fuese porque tiene consecuencias fatales que desencadenan en Apolo un dolor inagotable y parecidas ansias de venganza.

Así, el argumento de la novela se plantea casi como una historia detectivesca, en la que Apolo y sus hijos emprenden viaje para averiguar quién robó la cabeza de la Victoria y, por lo tanto, quién es responsable de la muerte de su ser querido. Pero el lector pronto advierte que esa cabeza de piedra no es más que un MacGuffin que servirá a la autora como excusa para llevarle de viaje por el mar Egeo, mostrarle otras sociedades evolucionadas a partir de La Ciudad Justa y hacerle pensar y plantearse preguntas. Exactamente igual que en La Ciudad Justa, solo que ahora las preguntas son otras diferentes.

En la novela que iniciaba esta saga, la cuestión principal era la viabilidad y moralidad del propio proyecto, con todas las dificultades que van apareciendo a lo largo del camino de la excelencia. Sé que está feo, pero me autocito.

(…) las esperables cuando reúnes en una isla a un montón de filósofos de todas las épocas, les das robots del futuro –nadie sabe cómo funcionan– y les encargas la tarea de educar a un millar de niños en los preceptos platónicos. ¿Qué podía salir mal?

https://consuleoluegoexisto.com/2021/09/30/la-ciudad-justa-fantasia-de-ideas/

El caso es que lo que podía salir mal entonces, salió mal. Ahora los fundadores de la Ciudad Justa, los niños, ya adultos, y sus descendientes –la primera generación nativa– se han dispersado por el Egeo, llevando con ellos conocimientos anacrónicos y fundando ciudades donde el ideal platónico a veces ha evolucionado, otras ha sido moldeado al gusto del público y en otras, las más interesantes a mi parecer, se ha «contaminado» con ideas y credos totalmente extemporáneos. Toda esta variedad de puntos de vista ya es suficiente para depertar mentes dormidas. Pero es que, además, encubierta bajo una capa de clasicismo y filosofía, Walton aprovecha también para hacer una reflexión sobre el actual sistema capitalista y cómo algunas de las ciudades que nos muestra, a pesar de toda la filosofía que les dio vida, corren peligro de caer en él.

Pero Los reyes filósofos contiene, además, dos viajes interiores de lo más interesantes. El primero es el de Apolo, quien precisamente se había encarnado en Piteas en la primera entrega para aprender lo que significa ser mortal. Ese viaje continúa en esta segunda novela. Por primera vez sabrá cuánto duele perder a un ser querido, saboreará las mieles amargas de la venganza y puede que, al final, encuentre alguna respuesta a los dilemas que plantea la sociedad platónica.

Jo Walton

El segundo viaje es el de los hijos de Apolo, especialmente el de Areté, cuyo nombre significa, precisamente, el objetivo que todos persiguen: excelencia. Todos descubrirán lo que implica ser hijos de un dios y Areté, además, comparte sus reflexiones con el lector. Para ella el viaje al que acompaña a su padre supondrá toda una experiencia enriquecedora que le servirá para conocer mejor a su progenitor, a la especie humana en general y a sí misma.

Pero no olvidemos que Los reyes filósofos es también una novela de ciencia ficción; además de la presencia de robots, los viajes en el tiempo de muchos de sus personajes dan lugar a situaciones paradójicas, algunas de ellas realmente divertidas. La más llamativa es, por supuesto, el propio anacronismo que supone una sociedad platónica fundada muchos años antes de que el propio Platón la imaginara. Pero hay unas cuantas más, que dejaré de descubras por tu cuenta. Por otro lado, aunque la trama principal de la novela queda totalmente cerrada, al final se abre para sentar las bases de la que será la siguiente entrega, que ya espero con impaciencia.

En resumen, Los reyes filósofos es una muy digna continuación de La Ciudad Justa, en la que nos reencontramos con algunos personajes y conocemos otros nuevos. Los problemas fundacionales han quedado atrás y las diferencias de criterio dan pie a nuevas reflexiones sobre distintos modelos de sociedad. El intencionado anacronismo de los personajes permite introducir elementos «perturbadores» que Walton aprovecha con maestría para poner el foco sobre cuestiones aún relevantes en nuestros días, a pesar de ambientar toda la novela en un pasado remoto, anterior al hundimiento de la Atlántida.

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