
- Título: La canción de los soñadores (El despertar de Osharan II)
- Autora: Eva Amuedo
- Editorial: Obscura
- Formato: rústica con solapas
- Disponible en e-book: sí
- Nº de páginas: 493
- Ilustración de cubierta: Laia Baldevey
- Mapa: Pablo Uría Díez
- Fecha de publicación: septiembre de 2023
- Fecha de lectura: octubre de 2023
- Enlace de compra: web de la editorial

Vamos con la penúltima –o eso creo– lectura de este mes de octubre, dedicado en exclusiva a las autoras. La canción de los soñadores es la segunda entrega de la saga de fantasía épica y oscura El despertar de Osharan, de cuya primera parte, El dárico gris, ya te hablé aquí.
En aquella reseña te presentaba brevemente el argumento de la novela y mi impresión de haberme quedado «a medias» con un final totalmente abierto y montones de preguntas sin respuesta. No te voy a hacer sufrir más. Hay una buena noticia y es que esta segunda parte ofrece muchas de esas respuestas. Pero a cada buena noticia siempre le suele acompañar una mala, y La canción de los soñadores no es una excepción: el final vuelve a quedar totalmente abierto y con nefastos augurios sobre el probable futuro de nuestros protagonistas. O sea, toca esperar de nuevo a la siguiente entrega.
En esta reseña no haré spoilers de La canción de los soñadores, pero puede que se me escape algo demasiado revelador para quien no haya leído aún El dárico gris –más que nada, porque no recuerdo con precisión lo que allí se descubría y lo que no–. Así que la recomendación es que no sigas leyendo si aún tienes pendiente la primera parte de la saga.
Aunque toda la trama sigue girando en torno a Alhanna y el papel que le tocará desempeñar en el mundo de Muriath, en esta segunda parte cobran mayor protagonismo otros personajes. La mayoría ya aparecían en El dárico gris, pero también hay algunos nuevos. De hecho, veremos cómo los caminos de muchos de ellos se cruzan de forma inesperada y, en ocasiones, esperaremos ansiosamente que ese encuentro se produzca.
Si leíste la primera parte, recordarás a los hermanos Shudei y Riaku, que habían emprendido un viaje acuciados por sueños proféticos, en los que aparecía Alhanna, sobre la muerte de uno de ellos. Ambos hermanos desempeñarán papeles cruciales en la historia. De hecho, el título de esta segunda entrega les alude directamente.
Otro personaje cuyo papel quedaba un tanto desdibujado en la primera parte era Quiazz, el joven huérfano que en aquel libro descubría quién era su padre biológico solo para verse arrastrado a un peligroso viaje en busca de la humana endómica. Lo recordamos como un chico inteligente pero un tanto frívolo. En esta segunda entrega le veremos crecer como persona a base de sufrimiento, además de descubrir por fin cuál es su auténtico papel en la historia y alguna sorpresa en cuanto a sus orígenes.

También aporta este libro mucha información nueva sobre Kishur, el dárico gris. Decía en mi anterior reseña que los personajes eran lo suficientemente ambiguos como para descartar todo maniqueísmo en la novela. Uno de los más ambivalentes era precisamente el que daba título a aquella primera entrega. La amenaza de la sangre maldita sobrevuela siempre a los dáricos, y muy en especial al conocido como «el carnicero de Caen-Laj», por la masacre allí ocurrida. Pero, al mismo tiempo, es capaz de arriesgar su corona por proteger a una humana, en contra de las costumbres de su pueblo y, sobre todo, tras los terribles sucesos de Fraem-Lab que se narran en el libro anterior, donde muchos dáricos perdieron la vida defendiéndola.
Una de las señas de identidad del mundo de Muriath, además de la convivencia de razas –dáricos, humanos, kalastys– es la continua intromisión de seres inmortales, dioses y demonios, en los asuntos mundanos. La verdad es que en la primera parte la identidad, intenciones y naturaleza de muchos de estos seres quedaban bastante «difusos», por decirlo de alguna manera. Al menos así permanecían en mi memoria. La canción de los soñadores viene a clarificar muchos de estos puntos. Conoceremos la verdadera identidad de la Dama Roja –que, por cierto, en este libro queda bastante relegada a un segundo plano– y de la muchacha de cabellos negros y tez pálida que engañó a Quiazz y a su padre para incitarles a emprender viaje.
Y no solo eso. También empiezan a encajar otras piezas que en El dárico gris quedaban un tanto sueltas: los sueños de Alhanna con la niña de las escaleras y la torre, por ejemplo; o las verdaderas intenciones de Trivaz, el demonio que engañó a Alhanna en Fraem-Lab –por cierto, otro personaje extremadamente ambiguo en cuanto a su moralidad–. Pero quizás lo que más me ha aportado para llegar a apreciar el mundo de Muriath como se merece, son los breves y espaciados interludios, presentados como textos históricos, en los que se narran episodios puntuales de su historia que, a su vez, contribuyen significativamente a la comprensión de lo que les ocurre –y, quizás, de lo que les espera– a nuestros protagonistas.
Hasta aquí te he contado todo lo que tiene que ver con la buena noticia. Pero te recuerdo que había una mala y es que, una vez crees que has encajado decentemente todas las piezas y comprendido quién es quién en Muriath y lo que pretende cada cual, va y aparece un nuevo personaje –o quizás no lo sea tanto– que lo cambia todo. Además, puede que lo que descubras sobre lo que aguarda a Alhanna al final de su viaje no te guste mucho, porque es algo realmente aterrador.
Para terminar, no sería totalmente sincera si no comentara una sensación que me ha asaltado un par de veces a lo largo de la lectura, y es que hay algunos momentos que me han parecido un poco deus ex.machina, y no precisamente en los que intervienen los dioses de Muriath, sino algunos comportamientos y reacciones de personajes o, sencillamente, giros argumentales sorprendentes que no me terminan de encajar del todo. No dudo que la autora lo tenga todo atado y bien atado, porque el trabajo de worldbuilding es impresionante. Probablemente sea solo cuestión de mi memoria y esos giros estuviesen sugeridos con anterioridad y, sencillamente, yo me haya saltado los indicios. En cualquier caso, no han impedido que disfrute la lectura ni me han hecho perder el interés por la historia.
Porque lo cierto es que, si leí El dárico gris casi del tirón, La canción de los soñadores no ha sido menos. Los capítulos se van sucediendo y la trama avanza deprisa, saltando de un lugar a otro y de un grupo de personajes a otro, de forma bastante lineal. Abundan las escenas de acción, la sangre, las heridas y la muerte, pero también hay espacio para explorar los sentimientos de los personajes, sus dudas y, sobre todo, las relaciones entre ellos.
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