La Cosa del lago

  • Título; La cosa del lago
  • Autora: Eleanor M. Ingram
  • Editorial: La Magnífica
  • Formato: rústica con solapas
  • Disponible en e-book: no
  • Nº de páginas: 309
  • Traducción: Sergio Mars
  • Ilustración: Carlos Cuesta Dolz
  • Fecha de publicación: agosto de 2023
  • Fecha de lectura: octubre de 2023
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Ya sé que octubre terminó y también la iniciativa #LeoAutorasOct, pero no quería que esta reseña se me quedase en el tintero por falta de tiempo, precisamente porque se trata de reivindicar a una autora muy olvidada y yo diría que muy injustamente. Empezaré contándote lo que atrajo mi atención hacia este libro. Fue el artículo de Sergio Mars en su blog, Rescepto Indablog, donde reproduce el prólogo del libro –puedes leerlo aquí–, aunque, naturalmente, también tiene una entrada anterior dedicada al libro y a su autora.

Lo que nos viene a contar Mars en esa introducción, de forma muy resumida, es que La cosa del lago puede considerarse novela precursora de lo que sería el famoso horror cósmico de Lovecraft. Esta novela se publicó por primera vez en 1921 –el mismo año en que falleció su autora, con solo 34 años–, y existe constancia de que Lovecraft la leyó, pues la comenta en una de sus cartas. Y hay más salseo, porque al parecer, y siempre ciñéndome a lo que aporta Mars en el prólogo, Ingram no tuvo el honor de ser incluida en el famoso ensayo El horrror sobrenatural en la literatura (1927) –ni en la edición revisada de 1933–, donde Lovecraft sí citaba a numerosos autores de su «círculo».

Así que, con esta información en la cabeza, no podía más que leerme La cosa del lago buscando rastros de ese horror cósmico, esas criaturas inconcebibles y terroríficas ante las que los humanos nos sentimos insignificantes. Y lo encontré, claro que sí. Pero también encontré más cosas que me llevan a recomendar esta lectura a cualquier persona amante del terror, no solo del lovecraftiano.

La historia en sí se puede contar bastante rápido: un exitoso compositor de Nueva York se compra una granja cerca de un pequeño lago en Nueva Inglaterra, como lugar de retiro eventual. Por circunstancias familiares, termina acogiendo alli a su joven prima y al recién estrenado esposo de esta, que ejercerán de guardeses y encargados de la finca. Todo es muy bucólico y campestre salvo que, por las noches, el protagonista recibe visitas inesperadas. Y digo visitas, en plural, porque son dos personalidades diferentes las que aparecen.

Por un lado, una misteriosa mujer que no se deja ver, pero que desprende un aroma característico y en seguida despierta un interés romántico en el compositor. Por otro, una presencia invisible, intangible y totalmente ominosa que paraliza de terror a nuestro protagonista. Ambas parecen estar íntimamente relacionadas, y el pobre hombre no puede huir de una sin perder a la otra.

Con esta original premisa, Ingram introduce en su novela una cantidad considerable de elementos típicos del terror más clásico –clásico en su época, o sea, victoriano– como los fantasmas, las brujas, el ocultismo y las maldiciones que abarcan generaciones y generaciones de una misma familia. Pero al mismo tiempo añade ese elemento que en los años 20 del siglo pasado aún era novedoso: la insignificancia e impotencia del ser humano ante lo inefable, el horror cósmico.

Aunque tengo también que señalar que, visto hoy en día, me ha parecido un horror cósmico un poquito light, sin ánimo de menosprecio. Me explicaré con un par de citas de la novela. Esta es un claro ejemplo de lo que entiendo por horror cósmico:

Me vi como alguien de pie, cruzado de brazos frente a una grieta en un muro colosal. Enorme, inconmensurablemente enorme, un acantilado que se perdía de vista en las alturas y se prolongaba a ambos lados por distancias ignotas (…) Y estaba asustado, porque el peligro al que me enfrentaba no era uno de los peligros habituales de la humanidad, sino aquel que nos hiela la sangre al rozar lo sobrenatural: el temor antiguo.

La cosa del lago, pág. 146

Ahí están la pequeñez, la insignificancia humana y el terror ante lo antiguo y primigenio. Pero, por otro lado, La Cosa se rebaja a hablar con el humano, a luchar con él y a ser vencido en unas cuantas ocasiones. Esto Cthulhu no lo haría, supongo. De hecho, este ser inefable e inmortal parece estar sujeto a ciertas «leyes» humanas:

–Insignificante habitante del mundo aquí perdido –exhaló Su amenaza– ¿Qué previene tu destrucción? Por ti no ha sido trazado el círculo ni se ha inscrito el pentagrama; ninguna ley ha sido promulgada a tu favor. Cruzar significa la muerte. Muere, pues.

La Cosa del lago, pág. 147

En realidad, los elementos lovecraftianos previos a Lovecraft no deberían ser el único punto de interés al leer esta novela. Como apunta Mars en su esclarecedor prólogo, La Cosa del lago es una novela de transición, con elementos de terror victoriano pero también de otro tipo de horrores literarios que eclosionarían mucho después, todo mezclado con un poco de melodrama romántico, acorde con el gusto de la época en que fue escrita.

La Cosa del lago tiene valor por sí misma como novela de terror sobrenatural que aporta elementos innovadores en su época. Incluye una trama romántica, que se ve aderezada con el misterio que rodea al sujeto amado y que lleva a una investigación sobre el pasado, en la historia de una familia castigada por una maldición que abarca varias generaciones –y afecta, cómo no, a sus vástagos femeninos– y se remonta a épocas de brujas y hechicerías. Como ves, hay material suficiente para componer una novela de las que no puedes soltar una vez la empiezas.

La novela está narrada en primera persona por su protagonista y el estilo de escritura, respetado en la traducción de Sergio Mars, es el habitual en los primeros años del siglo XX, con frases un poco mas largas de lo habitual hoy en día, pero desde luego no tan alambicado –adjetivado y superlativo– como el del propio Lovecraft. Así que se deja leer sin dificultad y con mucho interés.

En definitiva, una novela de terror sobrenatural a caballo entre dos épocas: la literatura victoriana, plagada de espectros y apariciones, y el terror del siglo XX, con fogonazos de horror cósmico antes de que se acuñara siquiera el término. Interesante por sí misma y como obra que posiblemente influyó en autores de la talla de Lovecraft.

5 comments

  1. No conocía ni a la autora ni el libro, pero me ha llamado la atención. Y más ahora que estoy rescatando libros que tenía pendientes y entre ellos andaba Lovecraft. Contigo siempre descubro algo. Me lo apunto ¡Gracias!

    1. La verdad, yo tampoco conocía la autora ni el libro hasta que leí el prólogo en el blog de Sergio Mars. Si te gustan las historias de terror así, un poco más clásicas por la ambientación y la época en que fueron escritas (principios del s. XX), y vas a leer a Lovecraft, creo que te puede resultar interesante. ¡Ya me cuentas!

      1. De Lovecraft solo he leído El caso de Charles Dexter Ward y la verdad que me gustó mucho. Así que por lo que me dices seguro que este también. Ya te diré. 😀

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