Jauría de truhanes: aventuras en el espacio

  • Título: Jauría de truhanes
  • Autor: José Miguel Pallarés
  • Editorial: Apache
  • Formato: rústica con solapas
  • Disponible en e-book: no
  • Nº de páginas: 346
  • Ilustración de cubierta: Dimitri Elevit
  • Fecha de publicación: junio de 2023
  • Fecha de lectura: julio de 2023
  • Enlace de compra: web de la editorial

José Miguel Pallarés, licenciado en derecho y especialista en lenguas antiguas, además de escritor y guionista de cómics, es un prolífico traductor de todo tipo de obras literarias, aunque quizás la que más te suene entre sus traducciones sea la saga Crepúsculo, de Stephenie Meyer. Tiene en su haber un premio Ignotus en la categoría de ensayo, por la Guía de la ciencia ficción y la fantasía en España (Equipo Sirius, 2003), coescrita con Óscar Cuevas, y a puntito estuvo de ganar dos de novela, por Bula Matari (Sulaco, 2001), coescrita con León Arsenal, y El ayer vacío (Espiral, 1998). Pero hemos venido aquí a hablar de su libro, así que ya me dejo de presentaciones que para muchos serán innecesarias y vamos al lío.

Jauría de truhanes es una space opera de aventuras con mucha acción, sentido de la maravilla y un puntito –o dos– de fino humor. Su protagonista, Isaac Rakal, propietario de la Paraíso, es un nauclero, una especie de combinación de transportista espacial, contrabandista y fumigador que, nada más comenzar la novela, ha perdido a toda su tripulación. Solo le queda la compañía de un dron dirigido por una IA psicópata, seis adolescentes gamberros recién rescatados de una prisión y un bibífaro –alienígena insectoide y telépata–, aunque por el camino irá ganando algunos compañeros más.

El libro está estructurado en tres partes que, de hecho, podrían funcionar como novelas cortas autoconclusivas sobre distintas aventuras del mismo grupo de personajes. En la primera parte, Temporada de fumigación, se narran de forma alterna dos episodios de la vida de Isaac relacionados con los bibífaros y se presentan la mayoría de los personajes que aparecerán en el resto de la novela. En la segunda parte, Resentimiento, nuestros protagonistas se enfrentan a una plaga de dimensiones apocalípticas y se ven obligados a aplicarse a conciencia para poder escapar del planeta, haciendo crecer ligeramente la tripulación en el proceso. La tercera parte, Forzando el paso, es la más larga de las tres y contiene dos aventuras consecutivas pero claramente diferenciadas, a mi parecer, aunque ambas tienen que ver con cargamentos que Isaac se ve obligado a transportar en contra de su voluntad. Cada una de las aventuras comienza con una situación in media res a la que iremos llegando a través de largas escenas retrospectivas, lo cual le da, además, un aire muy televisivo a todo el libro: cada parte comienza como lo hacen muchos episodios de algunas series. Buen truco para captar la atención, tanto del televidente como del lector.

José Miguel Pallarés

Esta peculiar estructura da mucho juego al autor para imaginar y crear mundos muy diferentes entre sí y tramas que podrían pertenecer a subgéneros distintos. Así, la primera parte resulta en una ciencia ficción de tipo bélico, con batallas y escaramuzas entre humanos cargados de tecnología pesada y alienígenas insectoides, un poco al estilo de Tropas del espacio, pero saltándose la parte del entrenamiento y la exaltación de la vida militar: pura batalla de especies e intelectos. La segunda parte, ambientada en un planeta oprimido por un gobierno totalitario de corte matriarcal –y no sé si me gusta mucho la parodia que hace de algunas de las ideas feministas con las que me identifico, ni si realmente es necesaria para la trama–, supone un guiño a todas las novelas de ciencia ficción en las que una plaga desata el apocalipsis. La tercera y última parte es casi una novela de gángsters, con sindicatos, tráfico de drogas y mafiosos.

La única «pega» que le pongo a la estructura en episodios independientes es que lo que parece que va a ser la misión principal del nauclero al final se convierte en un mero mcguffin, que realmente no tiene mayor relevancia en la trama, salvo como excusa para la incorporación de un personaje que, sorprendentemente, no aparece en la primera parte, cuando debería estar ahí y seguramente tendría mucho que decir. O a lo mejor me he liado yo, lo cual tampoco sería de extrañar.

Aunque en cada una de las tres partes se narren aventuras autoconclusivas, además de ser cronológicamente consecutivas, sin saltos temporales salvo las escenas retrospectivas, podría pensarse que la tripulación de la Paraíso hace de hilo conductor entre todas ellas, aunque vaya creciendo ligeramente de una aventura a la siguiente. Constituye un grupo tan variopinto de personajes, con relaciones entre ellos tan atípicas, que la diversión está asegurada. Pero el auténtico hilo no es ninguno de los personajes, sino la personalidad de su protagonista, Isaac el nauclero.

Este hombre, veterano de mil batallas, se ve envuelto siempre –y con él su tripulación– en situaciones imposibles. Y, cómo no, siempre sale victorioso, pero nunca a base de «fuerza bruta», sino utilizando como arma principal su ingenio, su labia y su capacidad de convicción. Es una especie de Ulises espacial, embarcado en un viaje interminable, recalando en distintos puertos convertido en juguete del destino –o de planes ajenos–, saliendo de un lío para meterse en otro, como el protagonista de La Odisea. Pero siempre ideando tretas y guardándose algún as en la manga, también como el Ulises de Homero. No en vano entre los bibífaros se le conoce como «príncipe de las mentiras». Y, generalmente, el principal interés de la trama consiste en descubrir qué ingeniosa treta utilizará cada vez, cuando parece no haber salida. Es una suerte de antihéroe cínico y pragmático que, al mismo tiempo, cuenta con un sentido del honor particular que le lleva a realizar actos heroicos cuando nadie lo espera.

A su alrededor pululan otros personajes: los ya mencionados adolescentes gamberros, siempre liándola parda: Trasto, el dron psicópata, que cuenta con una conexión neural para comunicarse directamente con el nauclero y que protagoniza algunas de las conversaciones más hilarantes de la novela; y Vinagre, el bibífaro telépata que pone el punto de extrañeza alienígena al contemplar el comportamiento de sus compañeros humanos. Entre ellos y con las incorporaciones que se irán sucediendo con el transcurrir de las páginas llegan a formar una especie de familia un poco al estilo de El largo viaje… pero, por supuesto, con mucha más acción e intriga.

Jauría de truhanes resulta una lectura muy entretenida, llena de emociones fuertes y muy divertida gracias al deparpajo de sus personajes. Se puede leer «de una tacada» o «por partes» sin miedo a perder el hilo, gracias a su estructura de aventuras autoconclusivas. Está llena de escenas, frases y personajes que traerán a tu memoria ecos de tópicos que ya son universales. Desde los ya mencionados mitos homéricos hasta cuentos infantiles o anuncios vintage. Algunas de esas escenas son muy cómicas, como una que se me antoja propia de El camarote de los hermanos Marx y otras mucho más terribles, que me recordaron por momentos a La fiesta del chivo, de Vargas Llosa.

En resumen, una space opera llena de acción, intriga, triquiñuelas y bastante sentido del humor, ambientada en un futuro muy distópico donde una pandilla de caraduras no solo sobrevive, sino que consigue prosperar a base de ingenio, arrojo y pocos escrúpulos. Si te gusta la saga The expanse, de S. A. Corey, no dudes en darle una oportunidad a esta novela de factura nacional que poco tiene que envidiarle en cuanto a interés de la trama y caracterización de los personajes. Solo aviso que, si eres feminista radical, la descripción del régimen matriarcal y totalitario de Resentimiento, aunque tenga una intención crítica del totalitarismo de cualquier signo, también es una parodia exagerada del feminismo, por lo que puede resultarte molesta.

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