
- Título: Herederos del recuerdo
- Autor: Adrian Tchaikovsky
- Editorial: Alamut
- Formato: tapa dura
- Disponible en e-book: no
- Traducción: Carlos Pavón
- Ilustración de cubierta: Maciej Garbacz
- Nº de páginas: 429
- Fecha de publicación: diciembre de 2024
- Fecha de lectura: enero de 2025
- Enlace de compra: Cyberdark
Hoy te traigo la tercera y última entrega de la serie de los Herederos, de Adrian Tchaikovsky: Herederos del recuerdo. Puedes ver mis reseñas de los dos volúmenes anteriores aquí para el primero, Herederos del tiempo (Alamut, 2018), y aquí para el segundo, Herederos del caos (Alamut, 2022).
Si cada una de las dos entregas anteriores logró sorprenderme, Herederos del recuerdo no es una excepción. En Herederos del tiempo fue la evolución de las pórtidas y el final maravilloso de su encuentro con la humanidad. En Herederos del caos, además de la comunicación con la civilización acuática de Damasco, la maravilla inesperada fue la aparición del organismo nodiano y cómo pasa de ser una amenaza terrible a una valiosa oportunidad.
En esta nueva entrega, la alianza entre neohumanos y pórtidas se amplía con la incorporación de personajes que conocimos en la anterior –Pablo y el organismo nodiano– y una curiosa pareja procedente de un mundo en el que la terraformación fracasó, no sin antes dejar una huella genética indeleble en las especies supervivientes.
Es difícil hablar de la historia que nos trae Tchaikovsky en esta ocasión sin hacer spoilers, pero lo intentaré. En Herederos del recuerdo, pórtidas y neohumanos, con sus más recientes fichajes, continúan infatigables con su misión de buscar los mundos que la extinta humanidad empezó a terraformar y posibles formas de vida inteligente. Aunque han encontrado una nueva especie evolucionada a partir de esos intentos de terraformación de sus ancestros, esta nueva entrega no se centra, como las anteriores, en la evolución de la nueva especie ni en las vicisitudes de su encuentro con los protagonistas. Esto es algo que Tchaikovsky va dejando que el lector descubra poco a poco, a lo largo de la novela pero, como digo, esos nuevos personajes ya están ahí desde el principio y forman parte de la tripulación de la Saltadora.
Sin embargo, esto no quiere decir que esta nueva especie carezca de relevancia en la historia, ni que Tchaikovsky deje pasar la oportunidad de plantear las ideas nuevas y sorprendentes a las que nos tiene acostumbrados. Pero vamos por partes.
La trama de los colonos
El comienzo de la historia nos lleva miles de años atrás, cuando la nave arca Enkidu llega in extremis a Imir, un lejano planeta que tienen la esperanza de poder habitar y del que reciben una misteriosa señal. Un pequeño salto en el tiempo nos lleva al momento en que ya existe en el planeta una pequeña colonia de humanos. El nivel de desarrollo ha retrocedido a niveles pre-tecnológicos y la comunidad sobrevive en condiciones precarias. Miranda, Pablo, Fabian y Portia, «disfrazados» de humanos, se han integrado en el pueblo para llevar a cabo su investigación antropológica, procurando no interferir en las vidas de los colonos. Sin embargo, hay muchos detalles extraños, aparentes incongruencias que al lector no se le escapan y a las que los personajes no parecen dar toda la importancia que merecen. Para más inri, Miranda no puede evitar estrechar lazos con la joven Liff, personaje central en toda la trama.
De esta parte de la historia me gustaría destacar dos aspectos. El primero es algo que me recordó sobremanera a otra novela de Adrian Tchaikovsky que disfruté un montón: Linaje ancestral (Red Key Books, 2023). Al no contar con apoyo exterior, los colonos de Imir han tenido que apañarse con los materiales e instrumentos que han podido rescatar de su nave arca, pero estos son, evidentemente, limitados. También lo son sus conocimientos técnicos y los recursos autóctonos, por lo que el pueblo acaba pareciéndose mucho a los de las historias de corte fantástico. Tienen sus mitos fundacionales, ceremonias conmemorativas que se mantienen en el tiempo pero cuyo sentido original se va difuminando e, incluso, se puede adivinar un incipiente pensamiento mítico. No sería extraño que, de contar con el tiempo suficiente, esta colonia terminase pareciéndose a la de Linaje ancestral.
Por otro lado, esta parte del libro contiene también una profunda reflexión sobre algo que, personalmente, interpreto en términos muy actuales: el auge de la xenofobia y la violencia cuando los recursos escasean y los tiempos se antojan «difíciles», así como la forma en que unos dirigentes carentes de escrúpulos son capaces de manipular y soliviantar a las masas para cometer los actos más terribles, siempre en aras del «bien común».
La nueva especie ¿inteligente?
Aunque la trama principal en apariencia se aleja un poco de la tónica general de la trilogía, en Herederos del recuerdo no falta una nueva especie evolucionada. Sin desvelar demasiado, sí me gustaría destacar la que me parece la pregunta principal de esta parte de la historia que tiene que ver, cómo no, con la biología evolutiva. Y es una reflexión bastante profunda aunque, por supuesto, no concluyente, sobre la relación entre el lenguaje, la inteligencia y la autoconsciencia. Parece que estoy hablando de la Inteligencia Artificial, pero no, Tchaikovsky usa sus armas de biólogo para plantearnos este tema a partir de animales evolucionados.
Por otro lado, aunque no tenga que ver directamente con los nuevos personajes, no puedo dejar de mencionar la interesante evolución de uno de los que más me impactó en la entrega anterior, Herederos del caos: el organismo nodiano. En esta nueva entrega adquiere un singular protagonismo y abre grandes puertas a la imaginación y el sentido de la maravilla.