Gris era el Páramo: un viaje por un mundo sin color

  • Título: Gris era el páramo
  • Autor: Javier MIró
  • Editorial: Grijalbo
  • Formato: rústica con solapas
  • Disponible en e-book: sí
  • Nº de páginas: 588
  • Ilustración de cubierta: Ignasi Font
  • Mapa interior: Ricardo Sánchez
  • Fecha de publicación: abril de 2025
  • Fecha de lectura: abril de 2025
  • Enlace de compra: Cyberdark

Hacía mucho tiempo que no teníamos noticias –literarias– de Javier MIró. Su último libro, Ojalá tú nunca (Insólita, 2020) aún nos trae ecos de restricciones y mascarillas. Han sido casi cinco años sin publicar nada nuevo pero, a la vista del resultado, han sido unos años muy bien aprovechados.

Este miércoles 30 de abril llega a las librerías Gris era el Páramo, de la mano de Grijalbo, sello perteneciente a Penguin Random House. Javier la considera su obra más ambiciosa y madura y yo tengo que estar de acuerdo. Tengo el privilegio de haber leído una versión anterior, allá en tiempos de confinamiento, y he podido constatar, de primera mano, cómo ha mejorado de forma sustancial hasta materializarse en este libro del que te voy a contar cosas.

Gris era el Páramo es un libro de fantasía sucia y descarnada. El calificativo de grimdark le viene al pelo, aunque no haya grandes batallas ni nadie descienda al barro sino, más bien, a la ceniza. Como aún no está a la venta, aunque no suelo hacerlo, copiaré la sinopsis:

En un mundo sin color ni justicia, dominado por la miseria de muchos y la codicia de unos pocos, existe una región que nadie quiere transitar. Una zona tenebrosa en la que impera la traición y acecha el peligro.

Ese lugar es el Páramo.

Nyx lo sabe bien. Ella es una caminante, una criatura poseedora de un don excepcional que no solo la convierte en la más letal de las asesinas, sino que también la ata a un amo despiadado del que sueña con escapar.

A pesar de su juventud, Lem tampoco es ajeno a la crueldad. La vive de cerca en la Academia, donde trata sin éxito de dominar el arte de predecir el futuro. Consciente de que un gran fracaso implica un castigo ejemplar, la huida pasa a ser su única opción.

Se abre ante ambos un futuro incierto y un camino sobrado de riesgos. El Páramo es un territorio para incautos, criminales… o desesperados, aquellos a quienes no les importa escoger entre libertar o muerte.

Y, ahora, vamos al lío, pero por partes.

El mundo

El universo creado por Javier Miró para esta novela no tiene nada que envidiar, en cuanto a amplitud de miras, originalidad y poder de fascinación, a ninguno de los «grandes» del género –no los menciono porque todos sabéis a quiénes me refiero y las comparaciones son odiosas–. La Desolación es un mundo donde todo es gris, literal y figuradamente. No existe el color y grises son las vidas de sus habitantes, oprimidos por el poder religioso del Patriarca y su brazo ejecutor, la Inquisición.

Por otro lado, existe un sistema de magia muy preciso y trabajado. Hay once signos –el Decapitado, el Audaz, la Bendecida…– que funcionan como los del zodíaco –¡pero son once, no doce!–. Algunos habitantes de la Desolación han «nacido» bajo uno de estos signos, que les dota con algún don concreto: los nacidos bajo el Audaz son hábiles y feroces guerreros, los del Decapitado, sanadores, etc. Y luego están los halos: sustancias volátiles que se encuentran desperdigadas y que algunos pueden utilizar para potenciar sus habilidades innatas u obtener otras diferentes.

También está perfectamente desarrollado el aspecto geopolítico de la Desolación, con sus ciudades principales y las disputas entre el poder religioso y el terrenal, pero lo que, personalmente, me ha gustado más de esta novela y del mundo creado por Javier Miró es precisamente lo que no nos muestra, lo que solo nos permite intuir. esos interrogantes que plantea, tanto para el lector como para sus propios habitantes. Por ejemplo, algunos privilegiados pueden percibir una realidad paralela, a la que llaman la Umbra y se encuentra al otro lado del Velo. Es como una versión de su propio mundo, pero en negativo –me refiero aquí a los negativos de las fotografías, que muy pocos recordarán ya, en esta era digital– y distorsionada, aterradora. Pero, ¿qué son el Velo y la Umbra? Otro ejemplo: el medio de cambio utilizado son pequeñas piezas de metal –como tuercas y tornillos–, muy preciadas porque son escasas y difíciles de encontrar, pero ¿de dónde salen esas piezas de metal, si nadie en la Desolación es capaz de fabricarlas?

Javier Miró

Los personajes y sus tramas

Gris era el Páramo sigue a dos personajes principales, Nyx y Lem, y a una pareja de soldados que viajan por el Páramo cumpliendo una misión, de manera que los capítulos alternan entre las tres tramas.

Nyx es una ladrona y asesina «a sueldo» de un dirigente religioso que no duda en utilizarla para sus propios y oscuros fines. Es, para mí, el personaje más carismático de la novela, por muchos motivos. Por su propio carácter, hosco y esquivo. Apenas habla y es incapaz de conectar emocionalmente con nadie, pero entendemos su lógica aplastante al poder leer sus pensamientos. Su único afán es conseguir su libertad y vivir sin tener que obedecer las órdenes de otras personas. Si para ello tiene que robar, matar o viajar al otro lado del Páramo, lo hará sin dudar. Eso sí, tiene una ventaja importante y es que es una caminante: no solo puede ver al otro lado del Velo, sino que puede desplazarse físicamente entre los dos mundos. La trama de Nyx es la que contiene las escenas de acción más sorprendentes e imaginativas.

Lem es un estudiante de la Academia, donde se forman los augures. Los habitantes de la Desolación están dispuestos a pagar importantes sumas con tal de conocer qué les depara el futuro, siempre tan incierto en este mundo. Pero Lem es incapaz de adivinar nada y cada vez se siente más amenazado en la Academia, no solo por la Inquisición, azote de herejes y pecadores, sino por sus propios compañeros, por lo que debe buscar la forma de escapar. Como personaje, tengo sentimientos encontrados con él. Por un lado, es digno de lástima, como víctima de bulling entre sus compañeros de la Academia pero, por otro, tiene cierta vena sádica que da un poquito de repelús. Esta parte del libro es la que describe mejor la urdimbre de poder y corrupción que domina la Desolación.

En cuanto a la pareja de soldados, tenemos por un lado a Maia, una señora mazada y muy letal con su hacha y, por otro, a Wylar, un arquero guasón y seductor, aunque no especialmente valiente ni hábil con el arco. En su viaje a través del Páramo tendrán que enfrentarse a situaciones límite de las que seguramente no saldrán ilesos y también harán pavorosos descubrimientos. Su trama también contiene escenas de mucha acción y nos presenta una gran –e incierta y misteriosa– amenaza que se cierne sobre la Desolación.

Por último, pero no menos importante, hay un quinto personaje que se cruza en dos de las tramas anteriores, y es otro de mis favoritos: Kasidra, que dice ser una cartógrafa con la misión de elaborar un mapa del Páramo, pero que parece saber mucho más de lo que admite y siempre se guarda un as en la manga –bueno, más bien en su enigmática mochila, de la que nunca se separa.

Mi opinión

Si has llegado hasta aquí, ya habrás adivinado que he disfrutado un montón la lectura de Gris era el Páramo. A pesar de sus casi 600 páginas, no lo leí, sino que lo devoré –las dos veces–. La estructura en capítulos que siguen alternativamente distintas tramas y personajes tuvo el efecto en mí de alargar mis períodos de lectura más allá de lo recomendable, robándole horas al sueño solo para saber qué iba a ocurrir a continuación.

Por otro lado, el estilo de escritura de Javier es muy limpio y pulido, con las descripciones precisas para crear en los lectores una imagen muy nítida de lo que él tiene en la cabeza. En este sentido, la descripción del Foso –una de las ciudades de la Desolación– me hizo hundirme literalmente en sus profundidades. Los diálogos son ágiles, con chispazos de humor un tanto ácido a veces, como corresponde a este mundo gris y desolado, y hasta el lenguaje de los personajes da fe de la originalidad y completitud del worldbuilding, con expresiones muy propias y en consonancia con la realidad en la que viven.

Además, como ya adelantaba un poco más arriba, el conjunto de mundos creado por Javier Miró se adivina mucho más amplio de lo que deja ver en esta novela. Hay decenas de detalles que permiten intuir cierta relación de ese Páramo gris y esa Desolación con una realidad más cercana, aunque en ningún momento se explica esa relación. Tampoco es necesario para seguir la trama, con lo que para mí esos detalles no hacen más que aumentar el interés del libro. Me hacen lanzar conjeturas al aire y desear saber más. Por dar una referencia que puede que hayas leído si te gustan el grimdark y el género patrio, es parecido a lo que hace Asier Moreno Vizuete en Hija de la Frontera (premio Minotauro 2023).

Por último, para una aficionada al género Z como yo, Gris era el Páramo tiene un aliciente adicional que no voy a desvelar del todo, porque sería un pedazo de spoiler, pero si a ti también te gustan esas historias de héroes y antihéroes luchando contra hordas de descerebrados, hay un par de escenas que disfrutarás especialmente. Pero no, no hay zombies.

Una opinión sincera no lo sería tanto si solo se dedicara a destacar los aspectos positivos de una obra. Y sí, ahora viene la pega de Gris era el Páramo. Aunque las tramas de Nyx y Lem quedan lo suficientemente cerradas, solo de momento –se ve claramente el «continuará…»–, la de Maia y Wylar no solo no se cierra, sino que termina con un angustioso cliffhanger. De hecho, todo lo que les ocurre a estos dos personajes está ahí para ir presentando una grave amenaza que se cierne sobre toda la Desolación y, seguramente, hará que las aventuras de Nyx y Lem parezcan insignificantes en comparación. Vamos, que me he quedado con las ganas de leer esa continuación, en la que espero también poder confirmar –o desechar– mis conjeturas sobre el origen de la Desolación.

En resumen, si te gusta el género grimdark en general, si aprecias las historias que transcurren en mundos imaginarios pero perfectamente construidos y consistentes, que dejan adivinar que hay mucho trabajo más allá de lo que se muestra explícitamente; si, además, te enganchan las tramas que siguen a varios personajes que esperas que confluyan en algún momento; si disfrutas de las historias bien contadas, con el ritmo adecuado y que te retan a lanzar conjeturas sobre lo que está pasando o puede llegar a pasar y no tienes nada en contra de las sagas… Si cumples dos o más de estos «si», Gris era el Páramo es para ti.

Lo que otros han dicho sobre este libro:

Un mundo oscuro y en ruinas con el sabor de la pura aventura fantástica en su corazón.

El caballero del árbol sonriente

Una novela que tutea a la fantasía áspera y realista de Martin o Abercrombie, la prueba de que el género ha alcanzado una magnífica madurez en nuestro país.

David B. Gil, autor de El guerrero a la sombra del cerezo

Creía de verdad que aquella época en la que devoraba novelas fantásticas en un fin de semana había pasado. Hasta que me encontré con este libro.

Jesús Cañadas, autor de Fundido a negro

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