
- Título: La Ley del Trueno
- Autor: Sergio Mars
- Editorial: Insólita
- Formato: rústica con solapas
- Ilustración de cubierta: Tithi Luadthong
- Nº de páginas: 368
- Fecha de publicación: abril de 2026
- Fecha de lectura: marzo de 2026
- Enlace de compra: web de la editorial
Hoy te cuento cosas sobre Sergio Mars y su novela La Ley del Trueno, publicada originalmente por el propio Mars en su micro-editorial, Cápside, en 2012, y que, por suerte, la editorial Insólita ha decidido recuperar ahora, para todos los que nos la perdimos por aquel entonces.
Sergio Mars es una persona polifacética donde las haya. Quizás lo conozcas por ser escritor de ciencia ficción, o por su blog de crítica literaria de obras de género, Rescepto Indablog; o si eres un habitual de Youtube, por su recientemente estrenado canal Rescepto Inda Tube. O por haber sido galardonado con nada menos que seis premios Ignotus, un Domingo Santos y varios más que no voy a enumerar para no apabullar. En este blog ya te hablé de una de sus obras más recientes, La disonancia de las esferas, (editorial Tinturas, 2020), que pasó tristemente desapercibida –por culpa de cierto bichito que decidió confinarnos en nuetras casas y prácticamente paralizar la vida de aquellos que no somos esenciales–, pero que fue una de mis mejores lecturas cuando por fin pude hacerme con ella.
Pero Sergio también hace otras cosas, igual de importantes en el mundillo de los libros y la literatura, por desgracia y de forma bastante injusta, menos visibles. Además de escritor, editor, bloguero y youtuber –ah, y biólogo, que no se me olvide–, es también traductor y corrector, generalmente de libros de género. Ha traducido desde ensayos de Greg Egan hasta novelas clásicas de fantasía o terror, como La estirpe de los lobos, de William Morris (Cápside, 2018), o La cosa del lago (La Magnífica, 2023), de Eleanor M. Ingram.
La que ahora recupera Insólita es la primera de sus novelas de fantasía épica –en 2018 publicaría La invocación del picto–, en la que Sergio nos narra la caída de un imperio, el de Fingard, sostenido hasta entonces por la fuerza de las armas y la mente maquiavélica de un sacerdote.

El mundo
Lo primero que llama la atención al empezar a leer La Ley del Trueno es que cada episodio comienza con uno de estos tres encabezados: «esfera de Siobana», «esfera de Wultan» o «esfera de Anther’a». Aunque al principio me resultó un tanto desconcertante, en realidad estos encabezados constituyen una buena pista a la hora de seguir la trama, en absoluto simple, de planes explícitos y ocultos, conspiraciones y traiciones que pueblan la historia.
Siobana y Wultan son los dioses que, en principio, protegen a dos de los pueblos que protagonizan la historia. Wultan es el dios al que adoran los fingardanos, creadores del imperio, y Siobana el de los salgios, parte a la fuerza de ese imperio. Anther’a viene a ser un tercero en discordia del que no puedo hablar mucho sin revelar demasiado, pero digamos que también tiene su esfera de influencia.
Como ves, La Ley del Trueno nos lleva a un mundo de inspiración, a mi parecer, bastante howardiana, donde hombres y dioses interactúan de forma bastante directa y, como es de esperar, los segundos utilizan a los primeros para sus propios fines, a cambio de promesas de poder y gloria que no siempre van a poder cumplir. Seguramente, porque otros dioses han prometido lo mismo a sus propios seguidores y, bueno, solo puede ganar uno. O, quizás, porque alguna deidad díscola tiene otros planes para todo el mundo.
Los personajes
La Ley del Trueno es, a mi entender, una novela bastante coral. No tiene un protagonista claro desde el principio y cada uno de los personajes cuyas andanzas se nos cuentan juega un papel fundamental en la trama. El candidato más obvio a protagonista al inicio de la novela es Riegar, hijo del caudillo salgio y general del ejército fingardano. Su destreza guerrera y su habilidad táctica le han procurado una posición destacada en Fingard, pero su auténtica intención es destruir al imperio opresor y conseguir la libertad para Salgaria. Para ello cuenta, cómo no, con el apoyo de su dios, Siobana.
Los dos siguientes personajes, en mi orden particular de candidaturas al protagonismo, son los gemelos Cokrun y Erkind, caudillos en comandita de los delmetios, un pueblo nómada que también ha caído bajo el yugo de Fingard, donde están socialmente discriminados, en parte porque no adoran a ningún dios.
Hay un tercer personaje humano con un papel muy relevante, y es Odryncer, el sumo sacerdote del templo de Wultan y el auténtico poder en la sombra del imperio fingardano. Aunque al principio aparece poco y podría pasar por un secundario, no tarda en robar protagonismo al resto de actores en esta historia.
Pero aquí no acaba la cosa, porque los dioses Wultan, Siobana y Anther’a también tienen su papel, y uno determinante, en la trama. Algunos de esos dioses se «encarnan» en humanos y los vemos actuar, como al resto de personajes, por lo que sus intenciones se muestran claramente. Pero incluso los dioses que no aparecen directamente como personajes «visibles» tienen mucho que decir en esta historia.

La historia
Como comentaba al principio, La Ley del Trueno narra la caída del imperio fingardano. Durante muchos años Fingard ha ido conquistando territorios y sometiendo pueblos a su autoridad. El último de estos pueblos fue Salgaria, y precisamente un salgio, Riegar, será el que inicie la rebelión en la propia capital del imperio, guiado por su dios, Siobana.
Sin embargo, los planes de Riegar se verán desbaratados, en parte, por la aparición de una deidad ancestral y prácticamente desconocida en el imperio. Anther’a tiene sus propios planes y está poseído por un ansia incontrolable de venganza y destrucción, lo que hará que las consecuencias de la rebelión de Riegar sean bastante más catastróficas de lo que él tenía previsto.
A partir de aquí, la historia se ramifica en muchas direcciones, con cada uno de los personajes protagonistas librando sus propias batallas, persiguiendo unos objetivos que cada vez se antojan más difíciles, hasta confluir en un final épico, digno de la densa trama de batallas, alianzas improbables, traiciones y sorpresas que acabamos de leer.
Mis impresiones
Lo primero que quiero destacar es que esta novela no tiene nada que envidiar a ninguna de las novelas más clásicas y aclamadas de fantasía épica que cualquier friki tiene en la cabeza. El detalle con el que está construido el mundo, la forma en que se describe e introduce en él al lector, sin un mero atisbo de infodumping, la complejidad de la trama y la forma en que se resuelve al final, la caracterización y coherencia de los personajes… Todo esto es de diez, en mi modesta opinión.
Por otro lado, la prosa de Sergio Mars podría calificarse de culta, pero sin caer en la floritura vacía ni regodearse en un vocabulario demasiado exquisito. Al contrario, resulta precisa y se adivina muy cuidada en la búsqueda de la palabra justa y adecuada en cada momento. Pero bueno, no ha sido ninguna sorpresa, después de haber leído La disonancia de las esferas. A todo esto, igual el autor tiene cierta fijación con las esferas, ¿no? Y eso me recuerda a la saga de Geralt de Rivia, de Sapkowski.
En segundo lugar, aunque la editorial presenta La Ley del Trueno como una novela grimdark, en mi opinión se acerca más a las historias que se han dado en llamar «de espada y brujería». Sí es cierto que no podemos hablar de personajes buenos y malos, porque cada uno se limita a ir a lo suyo. Pero para calificarla de grimdark me faltaría esa visión cínica de la condición humana que, para mí, caracteriza ese tipo de novelas. Lo que sí he encontrado, en cambio, son escenas que me han llevado mentalmente a los cuentos de Robert E. Howard en los que algún humano –con alta probabilidad, Conan– se topa con una misteriosa deidad a la que sus acólitos ofrecen sacrificios. Y es precisamente esta intromisión de los dioses en los asuntos humanos y cómo los humanos se enfrentan a ello lo que me hace decantarme por «espada y brujería». Aunque, siendo estrictos, no hay brujas en esta novela, sí que hay dioses y sacerdotes que canalizan el poder divino, como los magos o los brujos harían.
Por otro lado, también hay otra idea central en La ley del trueno: si los dioses ayudan a los humanos en sus batallitas es porque los necesitan. ¿Qué es un dios sin fieles ni creyentes? Una deidad olvidada es una deidad inexistente. Por supuesto, al llegar a esta parte me vinieron a la cabeza American Gods, de Gaiman y Dioses menores, de Pratchett.
Por último, he de mencionar también algo que he echado en falta en la novela: personajes femeninos. No hay mujeres en La Ley del Trueno. Las pocas que aparecen son bailarinas, concubinas del emperador o mujeres del pueblo huyendo de la guerra –hay una arquera que aparece fugazmente, pero es la excepción que confirma la regla–. Al menos, tampoco hay damiselas en apuros a las que el protagonista tenga que salvar –esto sí sería totalmente howardiano, pero en el peor sentido–. Evidentemente, esta ausencia no resta ningún valor a la novela, y ningún autor tiene la obligación de incluir mujeres con papeles relevantes en sus historias, ¿por qué incluirlas? Mi respuesta no puede ser otra que ¿y por qué no?