Leopardo negro, lobo rojo: fantasía clásica y diferente a la vez

Leopardo negro, lobo rojo
  • Título: Leopardo negro, lobo rojo
  • Autor: Marlon James
  • Editorial: Seix Barral (Grupo Planeta)
  • Formato: tapa dura con sobrecubierta
  • Nº de páginas: 816
  • Idioma original: inglés
  • Traducción: Javier Calvo
  • Iustración de cubierta: Pablo Gerardo Camacho
  • Fecha de publicación: septiembre 2019
  • Fecha de lectura: enero 2020
  • Enlace de compra: Amazon

Decidí comprar este libro por la curiosidad que me provocó algún artículo leído en la prensa, donde se presentaba como «la gran novela de fantasía africana», algo así como El señor de los anillos o Juego de tronos, pero ambientado en África –o en alguna tierra imaginaria con todos los elementos de la tradición y cultura africanas–. Además, había sido un super ventas en Estados Unidos, lo cual no dejaba de ser excepcional para un libro de fantasía, y primera obra de este género de su autor. Así que me lo pedí para Reyes.

Lo que me encontré no tiene nada que ver ni con El señor de los anillos, ni con Juego de tronos, la serie de televisión, ni con las novelas de George R.R. Martin. Es algo totalmente diferente, y el origen de tales diferencias no es únicamente que esté basado en la cultura africana, creo que va más allá.

Es cierto que las criaturas fantásticas que abundan en el libro resultan bastante desconocidas para el lector no familiarizado con ellas –como yo misma– y que lascostumbres descritas, los enfrentamientos tribales y algunos paisajes, de inspiración claramente africana, le dan a la historia un toque diferente, que siempre es de agradecer en obras de fantasía.

Sin embargo, lo que más me ha sorprendido y más me ha gustado del libro es el estilo narrativo. Eso sí que me ha resultado diferente y una grata sorpresa. Toda la novela –más de 800 páginas, ahí es nada– se articula como una narración oral. El protagonista, Rastreador, le cuenta a alguien la historia de cómo se vio envuelto en la búsqueda del niño y todo lo que ocurrió a continuación.

«Bueno –me diréis–, eso no es novedoso. Muchos libros utilizan recursos parecidos». Pues sí, pero no. Rastreador es un personaje muy particular, y su narración también lo es. Además, a lo largo de su periplo vital, se va encontrando con otros personajes que, a su vez, le cuentan historias que él reproduce para su desconocido interlocutor. De este modo, tenemos multitud de relatos dentro de la narración principal –anda, pues mira, sí que tiene algo en común con El señor de los anillos, aunque en realidad, todo suena muy diferente.

Esta particularidad de Leopardo negro, lobo rojo puede resultar un tanto cargante al principio. Más, si tenemos en cuenta que la historia principal gira en torno a la búsqueda del niño, pero esta no comienza hasta bien avanzada la novela –Rastreador se entretiene al principio relatando su enrevesada historia familiar y su encuentro con una bruja, un cambiaformas y unos niños muy especiales–. Y más aún porque comienza su narración contándonos el final. Parece que no merezca la pena que siga hablando, él mismo lo dice.

Y, sin embargo, merece la pena seguir leyendo, aunque las primeras 200 o 300 páginas se puedan hacer algo duras. Una vez que se acepta la dinámica de la narración y lo ajeno de la cultura en la que se basa, es cuando se empieza a disfrutar realmente la novela. La sensación que queda al terminar es la de haber escuchado una historia –muchas, en realidad–, no la de haberla leído. Por hacer un símil, diría que para mi leer esta novela ha sido algo así como asistir a una conferencia en la que la introducción se hace un tanto larga y farragosa, pero poco a poco el conferenciante se va haciendo con el público y termina arrancándole entusiásticos aplausos.

¿Por qué se la ha comparado entonces con Juego de tronos? Creo que la frase partió del propio autor, aunque no con el sentido que se le está dando. Él simplemente se refería a que era una novela de fantasía para adultos. Probablemente eligió la obra de Martin como punto de comparación solo porque es la más conocida por el gran público. Pero en realidad, solo tienen dos puntos en común: que hay un trono en disputa –pero esto es algo muy habitual en obras de fantasía épica– y el gran contenido de sexo y violencia explícitos. Así que aquellos lectores a los que les molesten la violaciones, las mutilaciones, las vísceras… Mejor que se abstengan.

Si habéis llegado a estas alturas de la reseña, puede que os estéis preguntando: «¿y a qué viene eso de fantasía clásica que has puesto en el título?». Pues resulta que, a pesar de lo diferente de la ambientación y de la tradición en la que se basa, a pesar de lo extraño de las criaturas que describe y a pesar también de ese sabor a narración oral con que se viste, creo que Leopardo negro, lobo rojo bebe también de la tradición más clásica de la fantasía.

Tomemos el hilo principal: un personaje protagonista, Rastreador, es contratado para buscar a un niño que alguien ha secuestrado y alguien quiere recuperar. Para ello se ve obligado a aunar fuerzas con un grupo de personajes de lo más variopinto. Lo que empieza siendo un trabajo más se termina convirtiendo en un viaje personal e interior que cambia para siempre a Rastreador y también a algunos de sus compañeros. ¿No es clásico?

Marlon James, autor de Leopardo Negro, Lobo rojo
Marlon James (Foto: Sara Rubinstein)

Y muchas de las historias que relatan otros personajes también tienen sus numerosos precedentes, como una sobre un príncipe inepto destinado a reinar con una hermana más capacitada que debe resignarse a un papel secundario, debido únicamente a su condición femenina; o la del gladiador que se rebela.; o los acontecimientos en los que los protagonistas se ven envueltos, como revoluciones de esclavos y guerras sucesorias.

No querría terminar la reseña sin hablar de los personajes y de los diálogos. James ha sabido dotarlos a todos de una fuerza y una garra que pocas veces he visto. En este sentido, sería comparable a Erikson o Abercrombie, cuyas obras de fantasía adulta tienen, para mí, el mayor elenco de personajes memorables.

Empecemos por el protagonista de esta entrega, Rastreador: miembro de una familia desestructurada como pocas y paria entre los suyos, poseedor de un don que le permite encontrar a cualquier persona cuyo olor reconozca, por grande que sea la distancia que los separe. Tiene mucho de pícaro, sus motivos nunca están claros o, al menos, no se antojan muy racionales. Más bien se deja dominar por las emociones más violentas y es capaz de pasar del amor al odio más intensos en un segundo. A menudo le mueven las ansias de venganza, pero tiene un sentido del deber muy peculiar. A veces es despiadado, pero también es capaz de mostrar ternura en ocasiones. Y, a pesar de estas aparentes contradicciones, es un personaje coherente.

Tenemos también a Leopardo, otro pícaro vividor cuyas lealtades parecen cambiar como veletas al viento, pero unido por una estrecha relación con Rastreador, desde el principio de la novela, de la que aparece y desaparece como los ojos del Guadiana. De aparición más tardía, pero no menor importancia, es Mossi, «un agente del orden, no de la justicia» –el libro está plagado de frases lapidarias como esta–, que establece al principio una ambigua relación con Rastreador y terminará desempeñando un papel importante, en su vida y en la novela.

Con personajes como estos, los diálogos no pueden ser otra cosa que ágiles, directos, cargados de ironía y cierto sarcasmo, llenos de sentencias memorables. En una palabra, brillantes, por lo que constituyen otro de los aspectos destacables y más disfrutables de la novela.

En resumen, Leopardo negro, lobo rojo es una novela recomendable para amantes de la fantasía con ganas de leer algo diferente y que no hagan ascos a las escenas con sexo, violencia o las dos cosas a la vez. A pesar de zambullirse en una ambientación poco habitual, podrán reconocer algunos lugares comunes de la fantasía clásica o, quién sabe, quizás sean temas recurrentes de los cuentos y leyendas de todo el mundo. Puede que al principio la lectura se haga un poco cuesta arriba, pero merece la pena llegar hasta el final.

8 comentarios

  1. Bueno, no sé si el primer comentario se ha enviado o no, así que vuelvo a dejar rastro de él por si acaso y que esto no quede vacío. Este libro lo tengo en la pila, muy pendiente de 2019, pero el volumen de páginas y el momento no me permitió ponerme con él. Suena muy bien (ya lo hacía de antemano), pero no esperaba ese aire clásico de fantasía que comentas, que me ha hecho levantar la ceja y decir: jum, aquí parece que hay algo más de lo que creía. Un abrazo y bienvenida al mundo bloggero en solitario 🙂

    1. Gracias, Dani! Solo puntualizo un poco: no tiene aire clásico en absoluto. Al contrario. Pero, si te paras a pensar, encuentras elementos comunes con obras clásicas. A lo mejor no lo expresé muy bien

  2. Tu reseña me tientan a intentar leerlo, pero… te haré caso: “aquellos lectores a los que les molesten la violaciones, las mutilaciones, las vísceras… Mejor que se abstengan.” Me temo que soy de esos lectores

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