No hay lobos en Tesakowa: fantástica mezcla de géneros

  • Título: No hay lobos en Tesakowa
  • Autora: Mónica Cuartero Santo
  • Editorial: El Transbordador
  • Formato: rústica, e-book
  • Nº de páginas: 268
  • Ilustración de cubierta: Diego A. Bartolomé
  • Fecha de publicación: febrero 2020
  • Fecha de lectura: abril 2020
  • Enlace de compra: Hombrecillos verdes

Esta es una de esas novelas difícilmente clasificables bajo criterios estrictos y que, precisamente por eso, me reafirma en mi creencia de que las etiquetas, en cuanto a géneros literarios, no son ni deben ser inamovibles.

En esta novela, Mónica Cuartero nos lleva a un escenario futurista, en el que la humanidad se ha extendido a otros planetas y ha entrado en contacto, no siempre pacífico, con otras especies alienígenas. De forma muy descriptiva, el conjunto de planetas colonizados por los humanos recibe el nombre de «Cinturón de Nuevo Comienzo». En estos mundos, la humanidad tiene la oportunidad de corregir los errores cometidos en su planeta natal y, literalmente, empezar de nuevo, respetando el medio ambiente y basando su prosperidad económica en los recursos renovables.

Mientras en estos nuevos hábitats humanos la vida se antoja idílica, las cosas en la vieja Tierra han tomado un cariz bastante más distópico. Las leyes medioambientales son las más laxas de toda la Unión Planetaria de Naciones Hermanas de la Tierra; los niveles de contaminación obligan a sus habitantes a usar mascarillas como una prenda más del vestuario habitual en el exterior; las precarias condiciones de vida empujan a la población a la delincuencia, y el gobierno responde con medidas contundentes sin preocuparse de los daños colaterales…

Como se desprende de esta breve presentación del mundo, la precupación por el medioambiente tiene un peso muy grande en la novela. Precisamente, el acontecimiento que desencadena los hechos principales es el intento de una fotógrafa comprometida de evitar el esquilmado de una región de Nueva Siberia (la Tesakowa del título) por parte de una gran corporación que busca explotar los combustibles fósiles presentes en la zona. La excusa de la fotógrafa: Tesakowa es el último reducto del lobo gris o lobo europeo, una especie protegida por estar en vías de extinción. Su misión, demostrar que aún no se han extinguido, y evitar de esta forma la destrucción del entorno y la evacuación de la población nativa, muy arraigada a la tierra y a la naturaleza.

Hasta aquí, podríamos pensar que estamos ante un obra de ciencia ficción ecologista, que utiliza la especulación para presentarnos futuros alternativos que, a su vez, nos hagan reflexionar sobre nuestro presente. Y sí, hay mucho de eso. Pero no es lo único, ni lo que más me ha gustado de No hay lobos en Tesakowa.

Imagen de Yuri_B en Pixabay

Y es que la fotógrafa de la que os hablé un par de párrafos más atrás ni siquiera es la protagonista de la novela. Apenas la encontramos en dos o tres ocasiones. El personaje central, y el que nos cuenta su historia en primera persona, es Basilisa Weise, la oficial del ejército de la Nueva Unión Europea encargada de que la evacuación de la población civil de Tesakowa se haga de forma eficiente.

La narración de Basil empieza siendo bastante «convencional», alternando momentos del presente y de su traumático pasado, con el objetivo de presentarnos los escenarios en los que transcurre la novela y al propio personaje. Pero en el momento en que llega a Tesakowa para cumplir su misión, la cosa cambia radicalmente, y en este punto es donde, personalmente, he encontrado el atractivo principal de la novela.

¿Y en qué consiste ese cambio tan radical? Lo más sencillo sería decir que, en un momento dado del libro, pasamos de estar leyendo una obra de ciencia ficción a una de fantasía basada en un cuento tradicional ruso para niños. No sería del todo justo, porque este cambio está sutilmente anunciado en pequeños detalles durante toda la narración. Pero es que, además, hay mucho más que eso. Lo que me ha fascinado es la forma en que la realidad, la fantasía y los sueños se entretejen en la narración para contarnos, en realidad, la historia de un conflicto no resuelto, de una culpa reprimida, con conspiración militar incluida, y la redención final.

De una forma que me parece sencillamente genial, las tradicionales tareas que los niños de los cuentos han de completar para poder regresar a sus casas sanos y salvos se convierten en otra cosa. Yo no sé exactamente en qué, pero diría que el cuento se convierte en una especie de psicoanalista mítico, una parábola fantástica de la vida de la protagonista que, una vez logra cumplir sus tareas, sale renovada y purificada. Como en los cuentos, pero en un mundo futurista y distópico. ¿No es genial?

Además de esta mezcla de géneros tan original, la novela contiene muchos más puntos interesantes. El primero, el mundo que nos presenta, en el que los seres humanos prácticamente hemos destruido nuestro planeta natal y colonizamos otros mundos con la idea de no repetir nuestros errores. Esta situación imaginaria da pie a la autora para introducir interesantes reflexiones, no solo sobre el trato que le damos a nuestro medio ambiente, sino sobre la propia naturaleza humana.

En segundo lugar, el desencadenante de la historia, la lucha por salvar uno de los pocos reductos naturales que aún quedan en la Tierra, nos enfrenta a un dilema de total actualidad en nuestros días: ¿hasta qué punto podemos maltratar al planeta y extraer de él los recursos que necesitamos en aras del progreso y la producción?

Por último, incluso los amantes de la ciencia ficción militar encontrarán una historia de su gusto, que incluye oscuras e inmorales prácticas militares y la lucha de una sola persona, armada tan solo con su astucia, contra todo el aparato burocrático y jurídico del ejército y la jerarquía militar.

En definitiva, No hay lobos en Tesakowa es una novela recomendable para amantes de la ciencia ficción y de la fantasía por igual, que reflexiona sobre temas medioambientales, sobre el comportamiento, a veces tan irracional, de la humanidad considerada como un todo, y sobre la forma en que, en ocasiones, la actitud de una sola persona puede cambiar las cosas para muchas.

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