Quién cuidará de ti

Quién cuidará de ti, de Verónica Cervilla
  • Título: Quién cuidará de ti
  • Autora: Verónica Cervilla
  • Editorial: Triskel
  • Formato: rústica, e-book
  • Ilustración de cubierta: Eicinic
  • Nº de páginas: 196
  • Fecha de publicación: noviembre 2020
  • Fecha de lectura: diciembre 2020
  • Enlace de compra: web de la editorial

Esta novela de Verónica Cervilla es la ganadora del IV Premio Ripley de Ciencia Ficción y Terror, por primera vez centrado en novelas y no relatos, eso sí, siempre dirigido a autoras.

Quién cuidará de ti es una novela de terror psicológico que trata un tema tremendamente realista. Es más, diría que aprovecha sabiamente los elementos típicos del género para poner de relieve algunas cuestiones en las que no solemos pensar, hasta que nos toca, precisamente por eso: porque dan mucho miedo.

Amelia es una mujer madura, con hijos en edad universitaria y separada de un maltratador, que se ve en la tesitura de tener que ocuparse de su anciana madre, en principio de forma temporal, mientras se recupera de una fractura de brazo. La novela comienza con las tribulaciones propias de tener que cuidar a una persona dependiente, sin dejar de atender el resto de obligaciones –trabajo, estudios–. Por si fuera poco, la relación previa de Amelia con su madre y con su hermana mayor no es de las mejores.

La situación se va complicando cada vez más cuando una enfermedad degenerativa empieza a deteriorar el estado físico y mental de la abuela. Toda la carga recae sobre los hombros de Amelia, que se siente superada por momentos, pero lo sobrelleva por un muy femenino sentido de la obligación.

Y precisamente este es uno de los principales puntos de reflexión que propone la novela. Según un informe de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, el 88,5% de las personas que cuidan a mayores dependientes son mujeres, con una media de edad en torno a los 50 años y la mayoría compaginan los cuidados con otro trabajo. Parece, pues, que la idea de que las hijas deben cuidar a sus padres ancianos está bastante arraigada en nuestra sociedad.

Amelia, además, ha tenido un tipo de vida que, por desgracia, parece bastante corriente entre las mujeres de su generación. Siempre ha estado cuidando de alguien: de joven, de sus primos más pequeños, después su marido –el maltratador– y sus hijos. Cuando por fin parece haberse librado de sus cargas, se ve obligada a asumir una nueva: su madre. Y todo esto tragando carros y carretas, que ella guarda en «cajitas» imaginarias que entierra en lo más profundo de su mente –me encanta esta imagen que utiliza Verónica para describir cómo ignoramos deliberadamente aquello que nos incomoda o que puede obligarnos a una confrontación que no tenemos ganas de soportar.

Verónica Cervilla
Verónica Cervilla

El otro tema central en la novela es, precisamente, el que sugiere el título: el miedo no solo a la muerte, sino a la vejez, a volverse una misma dependiente, y necesitar ayuda para las tareas más básicas, incluso para las más personales y vergonzosas. Algo en lo que no se suele pensar en la juventud, pero que a medida que cumplimos años se va convirtiendo en una espada de Damocles cada vez más tangible. Y que, cuando vemos a alguien cercano en esa situación, se nos muestra en todo su horror.

La forma en que Verónica Cervilla plantea estos temas en su novela me parece brillante. Mezcla los sueños y pesadillas que atormentan a su protagonista con los delirios y visiones de otros personajes, añadiendo un toque exótico con el acervo cultural de un anciano yoruba al que Amelia debe cuidar en su otro trabajo –sí, porque además de cuidar de su anciana madre trabaja en una residencia de la tercera edad– y con el que establece una relación especial.

De esta forma, la novela contiene algunos elementos que podrían ser sobrenaturales o simplemente fruto de las mentes desquiciadas de Amelia y de su madre, jugando con una estudiada ambigüedad que deja libertad de interpretación al lector.

El resultado es un relato muy gráfico de los terrores más atávicos que nos invaden cuando nos enfrentamos a nuestra propia muerte –o invalidez– o a la de una persona cercana. Pero también un profundo retrato psicológico de las emociones contradictorias con las que se enfrentan las personas que deben cuidar a un familiar dependiente. Esta es una de las partes que más he disfrutado de la novela, quizás porque me toca de forma más personal.

Amelia atraviesa varias fases en su etapa de cuidadora. Desde el «remangarse» dispuesta a lidiar con todo al tener que renunciar prácticamente a su vida para poder acometer la tarea, siempre empujada por ese sentimiento de obligación y torturada por los remordimientos y la culpa cuando los pensamientos más negros la asaltan en los momentos de flaqueza. Todo un viaje emocional, pero también vital, como descubriremos al final de la novela.

En definitiva, una novela que trata, a través del terror, un drama bastante común en la vida de las personas: qué hacer cuando nuestros padres son ancianos, cuando descubrimos, con infinita sorpresa, que no eran inmortales. Cuidarlos personalmente puede ser una experiencia gratificante o aterradora, según los casos, pero casi siempre extenuante; lo mismo puede decirse de los geriátricos: pueden facilitar la vida de los familiares, pero suelen ser aterradores para los ancianos. ¿Es egoísta por parte del cuidador optar por una institución? ¿Es egoísta el anciano que prefiere ser atendido por su familia? ¿Hasta dónde debe llegar el sacrificio personal? Más aún: ¿qué harán con nosotros cuando lleguemos –si llegamos– a la misma situación? ¿A que da miedo pensarlo?

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