La brigada de luz

La brigada de luz
  • Título: La brigada de luz
  • Autora: Kameron Hurley
  • Editorial: Runas
  • Formato: Rústica con solapa
  • Idioma original: inglés
  • Traducción: Natalia Cervera
  • Diseño de cubierta: Octavi Segarra
  • Nº de páginas: 360
  • Fecha de publicación: septiembre 2019
  • Fecha de lectura: enero 2020
  • Enlace de compra: Cyberdark

Desde que se anunció la publicación de esta nueva novela de Kameron Hurley la esperaba con ansia, y por fin pude leerla hace unos días. Tenía mucha curiosidad, porque me gusta el enfoque que la autora da a la ciencia ficción, siempre original, pero también por algunos artículos que había leído sobre el libro, como este de Esteban Bentancour.

La brigada de luz no ha defraudado mis expectativas, en ningún aspecto, y creo que es un libro muy destacable y que funciona de manera excepcional a varios niveles. Funciona como ficción de puro entretenimiento, pero también como manifiesto antibelicista y anticapitalista. Además, el tratamiento del género de los personajes, como no podía ser de otra manera tratándose de Hurley, funciona como trituradora de prejuicios.

La historia: trama y argumento

Hurley nos lleva a una Tierra que ha sido arrasada por desastres climáticos, donde seis grandes corporaciones ejercen las funciones de los antiguos gobiernos nacionales. Establecen las leyes para sus ciudadanos y otros habitantes de sus territorios; cuentan con policía propia para asegurarse de su cumplimiento y con ejércitos para defender sus intereses frente a terceros.

La humanidad ha conquistado el espacio cercano, estableciendo bases corporativas en la Luna y en Marte, aunque sucesivas guerras y conflictos han llevado a una situación de enfrentamiento entre los colonos de Marte y las corporaciones terrestres.

Dietz, protagonista de nuestra historia, decide enrolarse en el ejército de una forma un tanto idealista, para vengar un acto de terribles consecuencias que diezmó la población de Sao Paulo en un instante, llevándose por delante a sus seres queridos. De paso, podría lograr la ciudadanía al terminar la guerra, si es que sobrevive.

Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. Podría ser la sinopsis de muchísimas novelas de ciencia ficción. El interés aumenta de forma exponencial cuando Dietz, tras un duro período de entrenamiento, «salta» con sus compañeros de escuadrón hacia su primera misión. Algo parece haber salido mal, y Dietz no aparece donde debería ni con quien debería.

El problema se repite en sucesivos saltos, de forma que Hurley, a través de la narración en primera persona de Dietz, va ofreciendo al lector retazos de información a modo de piezas de un puzzle, que tendremos que ir componiendo al mismo tiempo que el personaje protagonista. La intriga nos arrastra a seguir leyendo para averiguar qué está pasando y cómo concluirá todo.

Además, el libro está narrado de forma muy cinematográfica. Leer determinadas escenas es una inmersión a pulmón en batallas y escaramuzas que, creo, darían para una buena adaptación a la gran pantalla. De hecho, las imágenes que me venían a la cabeza eran algunas de Starship Troopers, la película de Verhoeven, como referencia clarísima, pero también algunas de otra película que recordaba vagamente y que, tras una consulta a la web, resultó ser Al filo del mañana (2014).

Cartel original de Al filo del Mañana, película de 2014 con Tom Cruise
Cartel original de Al filo del maana (2014)

Solo por la trama y la estructura, el libro ya habría merecido, para mi, una buena puntuación. Al fin y al cabo, uno de los objetivos de la literatura es entretener y contar historias emocionantes, y La brigada de luz lo consigue. Pero no se limita a eso, sino que contiene también elementos para la reflexión.

El mensaje

Como decía más arriba, Dietz decide enrolarse en el ejército de una forma un tanto idealista. Por supuesto, si sobrevive a la experiencia, es posible que su posición social y económica mejore de forma sustancial, al ganar la ciudadanía plena. Pero también concibe la guerra como una lucha de los buenos contra los malos, y elige, por supuesto, el bando de los buenos. El único que conoce, por otra parte. Sus experiencias en el ejército y sucesivos saltos fallidos harán que se cuestione lo que siempre ha dado por supuesto, incluso su elección de bando.

Se ha dicho de La brigada de luz que es un manifiesto antimilitarista. Es cierto, y puede apreciarse claramente a lo largo de toda la novela, pero de forma más acusada en la parte que describe el entrenamiento de Dietz y sus compañeros. Los reclutas son solo trozos de carne que enviar a la picadora que es la guerra. Esta es la visión que prevalece a lo largo de todo el libro.

Al día siguiente, todos estábamos descompuestos. Los instructores nos obligaron a hacer educación física de todas formas. Cuando hay que correr sin dejar de cagar y vomitar es fácil asimilar el hecho de que solo somos sacos de vísceras.

No somos más que mierda –dijo Muñoz durante aquella primera sesión de EF–. Mierda que va a viajar a la velocidad de la luz.

La brigada de luz. Kameron Hurley. Pag. 27

Pero también hay una importante crítica al sistema capitalista. Dietz vive en una sociedad totalitaria y con bastantes elementos distópicos: la información es hábilmente controlada y dosificada por las corporaciones; las personas solo tienen derechos cuando resultan útiles al sistema. No solo los reclutas son trozos de carne para el ejército. Las personas son también piezas deshumanizadas de una enorme maquinaria controlada por las corporaciones. La ciudadanía, con los limitados derechos que conlleva, hay que ganársela aportando valor añadido para el sistema. Las piezas inútiles, las que no aportan, son desechadas sin más, y se convierten en despojos.

No es difícil reconocer en esta descripción una economía de mercado llevada hasta sus últimas consecuencias, sin ningún tipo de paliativo de carácter humanitario o social. Incluso a veces creemos reconocer rasgos de sociedades que existen en el presente.

El lenguaje que utiliza Hurley para transmitir esta idea, con toda su crudeza, al lector, no puede ser más descarnado ni más efectivo. Sin eufemismos ni concesiones. Baste una cita más como ejemplo para ilustrar ese lenguaje:

Ser un despojo es pasar hambre. Vivir de los desperdicios ajenos. Rezar para que un catarro no se convierta en neumonía. Ser un despojo es saber cómo huele la gangrena. Es morir de un arañazo en la rodilla que se infecta. Es cagar en una zanja. Es comer bichos atropellados.

Prefiero estar con los héroes.

La brigada de luz, Kameron Hurley. Pag. 23

La brigada de luz, por lo tanto, no es solo una novela muy entretenida, que sí, sino también un manifiesto en contra de las guerras, de las sociedades basadas en las leyes de mercado y de la explotación sin miramientos de la población en general por parte de unos pocos privilegiados carentes de escrúpulos o de empatía.

El género en La brigada de Luz

Kameron Hurley
Kameron Hurley

Kameron Hurley es conocida, aparte de por su obra, por su activismo feminista. Esto tiene su reflejo en los libros que escribe. Recordemos la polémica que suscitó la publicación de Las estrellas son legión (Alianza Editorial, 2017) donde se inventa de forma revolucionaria el género de sus personajes, y su reivindicativa adopción del título alternativo Lesbianas en el espacio, que alguien había tratado de que fuese una ácida crítica, fracasando estrepitosamente.

En La brigada de luz no podía faltar ese esfuerzo por romper los estereotipos que todos arrastramos sobre el género de los personajes, más presentes cuanta más edad tenemos y más tiempo hemos estado viviendo y aceptando como normal una sociedad intrínsecamente machista, leyendo libros y viendo películas donde los papeles masculinos y femeninos están repartidos como marca la tradición más rancia.

¿Y qué ha hecho Hurley esta vez? Sencillo: no asignarle un género a su personaje protagonista. Se le nombra siempre por su apellido, y su nombre de pila no aparece hasta las páginas finales del libro. Una buena forma de reivindicar que el género no es determinante de las acciones o la importancia de un personaje en una obra literaria, como no lo es en la vida real.

En este punto, no puedo sino pensar en los problemas que habrá tenido que enfrentar su traductora al castellano, Natalia Cervera, de los cuales el más peliagudo me parece el de los adjetivos, y felicitarla por la forma en que está resuelto el tema. Para Hurley pudo resultar más fácil mantener esa incógnita, pues en inglés los adjetivos no se declinan según el género. Pero, ¡ay! en castellano sí, y no se pueden eliminar todos los adjetivos de un texto ni sustituirlos por perífrasis sin perjudicar la calidad de la prosa.

Y, sin embargo, no me preguntéis cómo, la traducción funciona también en este sentido, manteniendo la ambigüedad sobre el género del personaje principal, y obligando al lector o lectora a reconocer sus propios prejuicios. Muy avanzada la lectura, casi llegando al final, fue cuando me percaté de que no estaba segura de si Dietz era chico o chica. Tuve que volver atrás y buscar expresamente esos adjetivos para encontrarlos. En ese momento, lo atribuí a que no había leído con la suficiente atención, aunque tratándose de Hurley, tenía que suponer que algo de intención habría. Solo una relectura del libro y del artículo de Esteban Bentancour que enlacé más arriba me dieron la seguridad, ya que Esteban había leído la versión inglesa.

A lo largo de la reseña he procurado evitar también el uso de adjetivos o pronombres al referirme a Dietz, por si puedo contribuir a mantener esa ambigüedad en posibles futuros lectores. Y me ha costado bastante, así que mi felicitación a la traductora.

En definitiva, La brigada de Luz es una buena novela de ciencia ficción, con una trama interesante y más de un mensaje reivindicativo. Recomendable, por supuesto, para los incondicionales de Hurley, que somos muchos, pero también para quienes prefieren una ciencia ficción más clásica.

9 comentarios

  1. La tengo en la pila y con bastantes ganas. Esa comparativa con una de mis películas favoritas, ‘Al filo del mañana’, no hace sino aumentar mis ganas de leerla. Si no la tenía más arriba, es por que ando algo apartado de la cifi últimamente (sin causa aparente), y por que los temas belicistas así de primera nunca terminan de llamarme la atención. Un abrazo y genial artículo 🙂

    1. Hay mucha gente que le pasa eso con Kameron Hurley. Pero en este libro todo suena mucho más “familiar”, no es tan raro.

  2. Muy buena la ausencia de género en la reseña. He tenido que darle una vuelta para comprobarlo porque, oh! omnipresentes prejuicios, yo ya se lo había asignado.

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