Yo soy el río: inolvidable y perturbadora

Yo soy el río, de T. E. Grau
  • Título: Yo soy el río
  • Autor: T.E. Grau
  • Editorial: Dilatando Mentes
  • Traducción: José Ángel de Dios García
  • Formato: rústica con solapas
  • Nº de páginas: 276
  • Ilustración de cubierta: Raúl Ruiz
  • Fecha de publicación: mayo de 2021
  • Fecha de lectura: mayo de 2021
  • Enlace de compra: web de la editorial

T. E. Grau no es ningún desconocido para el aficionado español medio, en parte gracias a la publicación, también por Dilatando Mentes, de su colección de relatos La oscuridad inombrable en 2018. El relato «El aullador», contenido en este volumen, fue además finalista en los Premios Ignotus 2019 en la categoría Mejor Cuento Extranjero. Si quieres ir abriendo boca con este autor, todavía puedes leerlo en este enlace.

Si esta colección se caracterizaba por acercarse al horror cósmico desde una perspectiva weird bastante impactante, la novela Yo soy el río, de la que te hablo hoy, me ha parecido mucho más asequible para lectoras de tipo medio como yo, que no siempre son capaces de captar todas las referencias y simbolismos que abundan en el género de lo extraño.

Tengo que decir que creo que he visto decenas de películas sobre la Guerra de Vietnam, desde Apocalypse Now a Rambo –sí, he visto Rambo, y más de una entrega–, algunas de las cuales me parecieron muy buenas –no, Rambo no es una de esas–, pero me parece que ninguna de ellas me ha dejado un recuerdo tan imborrable como el que creo que conservaré de esta novela.

Yo soy el río habla de la misma guerra y transmite, probablemente, ideas muy parecidas a las que dejan las películas, pero lo hace de una forma bastante diferente. Y no solo es por pertenecer al género de terror o porque tenga tintes sobrenaturales. Creo que es porque cuenta una historia que trasciende el conflicto en el que se sitúa. A pesar de estar ambientada durante y después de la guerra de Vietnam, yo no la considero una historia bélica, a la manera en que lo son las películas en las que pienso. Más bien creo haber leído una historia de descenso a los infiernos, locura y redención.

Israel Broussard, el protagonista y ex-soldado norteamericano, participó durante la guerra en una misión secreta cuyo recuerdo –y algo más– le atormenta años después. Tras un viaje desesperanzador y bastante terrorífico por los barrios menos recomendables de Bangkok, en los que ha llegado a desenvolverse como pez en el agua, tendrá que regresar al lugar donde todo empezó y enfrentarse al origen de sus pesadillas.

Aunque la premisa de un protagonista atormentado por su propio pasado y que debe remediar los errores cometidos para recuperar la paz pueda parecer bastante tópica, lo cierto es que en Yo soy el río no hay nada tópico ni típico.

Quizás lo más llamativo sea la forma en que está narrado y, en este sentido, la portada de Raúl Ruiz resulta de lo más ilustrativa. Broussard es un hombre roto, acosado por sus recuerdos, que lo persiguen en forma de criaturas sobrenaturales, pesadillas y alucinaciones. Y T. E. Grau obliga al lector a introducirse en esa mente desquiciada, jugando con el tiempo, el narrador y el estilo literario. Así, algunos capítulos transcurren en el presente de Broussard, otros en su pasado y otros en ambos momentos a la vez; algunos están narrados en primera persona, otros en tercera y otros son simples sucesiones de pensamientos inconexos.

T. E. Grau
T. E. Grau

Aunque pueda parecer complicado, en realidad no lo es desde el momento en que se acepta el juego que el autor propone. De hecho, la lectura se vuelve voraz por la necesidad de entender qué está pasando, qué es lo que ha llevado a nuestro protagonista a la situación en la que se encuentra y qué quiere de él ese ser de pesadilla que lo persigue en sus sueños pero también en la vigilia.

Broussard, como protagonista, resulta también bastante atípico. Se presenta casi como un sicario del crimen organizado de Bangkok, alguien que, procediendo del exterior, ha sabido mimetizarse en ese ambiente hostil. Resulta bastante amoral en sus reflexiones y actos pero, en el fondo, una no puede sino empatizar con él: a pesar de sus traumas, adicciones y embrutecimiento inducido por el medio en el que se desenvuelve, no deja de ser un chico del sur de los Estados Unidos al que han sacado de la casa de su abuela y han soltado en medio de la selva, obligándolo a convertirse en una máquina de matar.

Leer Yo soy el río es toda una experiencia lisérgica, en la que acompañamos al protagonista a través de una realidad cambiante, deformada por su trauma, por el alcohol y las drogas y, quizás, también por otra realidad paralela, perteneciente al mundo de lo espiritual o sobrenatural. El pasado y el presente no solo se mezclan, sino que se imbrican y entrelazan de una forma que hace tan difícil como innecesario distinguirlos.

Quiero resaltar además, como otro elemento singular de la novela, la presencia constante de ese río del título, el agua que fluye y transporta, como alegoría del destino, de una vida sobre la que apenas tenemos control, que nos arrastra hacia un final incierto. El río fluye pestilente bajo las calles de Bangkok, místico entre las montañas de Laos, pero siempre avanza de forma inexorable, y Broussard no encontrará descanso mientras trate de luchar contra la corriente.

Sobre la importancia de la Guerra de Vietnam en la mente colectiva estadounidense y sobre la manera en que Grau lo trata en esta novela te recomiendo el breve y preciso prólogo de Víctor Castillo. Además, el libro incluye también un interesante dossier sobre las guerras a lo largo de la historia y otras referencias tanto literarias como cinematográficas que se pueden encontrar en Yo soy el río.

En definitiva, Yo soy el río es una historia de redención con la Guerra de Vietnam como telón de fondo, revestida de terror sobrenatural y, al mismo tiempo, una incursión en la mente profundamente herida de un ex-combatiente. La forma escogida por Grau para narrarla la convierte en algo inolvidable.

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