Cielos clausurados: pobre diablo

Cielos clausurados, de Alberto Rodríguez Andrés
  • Título: Cielos clausurados
  • Autor: Alberto Rodríguez Andrés
  • Editorial: Apache
  • Formato: rústica con solapas
  • Nº de páginas: 143
  • Ilustración de cubierta: Miguel Ángel Martín
  • Fecha de publicación: mayo de 2021
  • Fecha de lectura: junio de 20121
  • Enlace de compra: web de la editorial

Esta novela corta es la ganadora del Premio UPC 2020, convocatoria de carácter internacional que tiene en su palmarés nombres tan prestigiosos como Elia Barceló (1993), Javier Negrete (2000), José Antonio Cotrina (2000, ex aequo con el anterior), Carlos Gardini (1996, 2001, 2007), Brandon Sanderson (2007, ex aequo) o Mike Resnick (1994), por mencionar solo unos pocos.

En Cielos clausurados encontramos una idea que ya ha sido tratada en diversas ocasiones, tanto desde el humor como desde una perspectiva un poco más sesuda: la ausencia de la Muerte, con los problemas que todos podemos prever de este «fallo» en las leyes de la naturaleza. Sin embargo, tiene también otros elementos que la hacen original y tremendamente divertida.

En primer lugar, la causa de que la Muerte no esté haciendo su trabajo. No es que se haya ido de vacaciones y algún aprendiz o sustituto haya metido la pata, ni que la ciencia haya avanzado hasta garantizar la inmortalidad. Lo que ocurre es que San Pedro ha perdido las llaves del cielo, Dios se ha quedado encerrado dentro y nadie puede entrar –ni salir–. Además, el sitio donde se han perdido las llaves recuerda inevitablemente a la película Airbag (Juanma Bajo Ulloa, 1997). Y no andaríamos muy desencaminados en la comparación.

A partir de esa premisa, la novela tiene dos arcos separados: por un lado, los desvelos de los encargados de poner solución a este grave problema –el Diablo y la Muerte– y, por otro, las aventuras de dos fallecidos recientes que, como muchos otros, al no poder ir al cielo a ser juzgados, siguen ocupando sus cuerpos muertos aquí en la Tierra.

La encarnación del Diablo y la Muerte es otra de las originalidades de Cielos clausurados. Ambos se presentan como personas normales, con vidas anodinas desde las que realizan anónimamente su «trabajo» cotidiano. Cuando sus cuerpos mortales –carcasas– mueren, se reencarnan en otra persona y reanudan sus tareas. Así, el Diablo es un vendedor de artículos de regalo casado y con una hija, mientras la Muerte es un hippie gurú del yoga.

Los capítulos dedicados a las aventuras de estos dos inmortales tienen mucho de road movie. A cualquiera se le ocurre que el Diablo y la Muerte han tenido que estar íntimamente relacionados desde siempre –y nunca mejor dicho ese siempre–, pero ¿serían colegas, amigos, rivales, amantes…? En cualquier caso, sus diálogos no tienen desperdicio.

Alberto Rodríguez Andrés
Aberto Rodríguez Andrés

El segundo arco de la novela, en el que dos muertos se buscan la vida –lo siento, no pude resistirme al juego de palabras– para evitar ser detenidos y confinados en un estadio de fútbol junto a otros cadáveres frustrados, tiene una ambientación más apocalíptica, pero también contiene perlas de humor (negro, por supuesto).

Y, sin embargo, no todo es humor en Cielos clausurados. Por debajo de esa capa superficial de cachondeo y despiporre, los personajes reflexionan sobre sus vidas y los temas más cotidianos: las oportunidades perdidas, las expectativas defraudadas, el amor, la familia, la búsqueda de la felicidad, la soledad del inmortal…

Si hay dos personajes que destacan sobre el resto y consiguen hacerse entrañables para el lector, son, sin duda, el Diablo y Merche, la no-muerta. Lo de Merche es seguramente más fácil de entender: una mujer mayor que sufre un ictus fatal mientras hace la compra y despierta dentro de su propio cadáver, con todos los inconvenientes que esto conlleva. Es fácil empatizar con ella. Lo que resulta un poco más complicado es lograr que el lector sienta compasión por la encarnación del mal en la tierra. El autor lo consigue encarnándolo en un tipo común y corriente, podríamos decir incluso que un fracasado, pero no solo como ser humano, sino también como Diablo.

Para finalizar con la reseña, un breve comentario sobre el género en el que la he clasificado. Aunque el Premio UPC se dirige a obras de ciencia ficción, y en Cielos clausurados hay elementos apocalípticos y cierta máquina de la que es mejor que no adelante nada, el hecho de que el origen de la historia se encuentre en el Cielo (en sentido religioso) y que aparezcan personajes como el Diablo, la Muerte, Dios o San Pedro a mí me hace pensar en ella más como una obra de fantasía, por lo que con esa etiqueta la reseño.

En definitiva, una novela descacharrante sobre un apocalipsis no por absurdo menos terrible, con personajes entrañables y muy humanos a pesar de encarnar conceptos místico-religiosos como el Diablo (pobre diablo).

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