Hacia las estrellas: ¿ciencia ficción realista?

Hacia las estrellas, de Mary Robinette Kowal
  • Título: Hacia las estrellas (La astronauta nº 1)
  • Autora: Mary Robinette Kowal
  • Editorial: Oz
  • Formato: rústica con solapas, e-book
  • Nº de páginas: 408
  • Traducción: Aitana Vega Casiano
  • Ilustración de cubierta: Gregory Manchess
  • Fecha de publicación: marzo de 2019
  • Fecha de lectura: mayo de 2020
  • Enlace de compra: web de la editorial

Hoy os traigo otra de esas novelas que podemos llamar «de la cuarentena», cuyo lanzamiento coincidió justo con el inicio de la crisis del dichoso coronavirus, y que se quedaron un poco en el limbo editorial, al menos su edición en papel. Sin embargo, no creo que Hacia las estrellas vaya a tener problemas de ventas ahora que empiezan a abrir las librerías, pues viene con unas credenciales inmejorables: el triplete como Mejor Novela en los Premios Locus, Hugo y Nébula.

El contexto histórico

No sé por dónde empezar a hablar de esta novela, que tiene tantos elementos reseñables. Quizás lo más adecuado sea empezar por comentar los hechos históricos en los que se basa, ya que tienen un gran peso específico en la novela. La acción comienza en 1952, pocos años después de la Segunda Guerra Mundial, en plena guerra fría y con una carrera espacial en pañales.

Durante los años de la guerra, tanto en Estados Unidos como en los países europeos, muchas mujeres habían salido por primera vez de sus hogares para desempeñar los puestos de trabajo abandonados por los hombres enviados al frente. Al llegar la paz, se esperaba de estas mujeres que regresaran a «sus labores», pero algunas se resistían: ya habían demostrado que eran perfectamente capaces de hacer «trabajos de hombres». De esta forma, el derecho a incorporarse al mundo laboral se convierte en una de las principales reivindicaciones del feminismo de la segunda ola.

Cartel icónico en el que Rosie la remachadora anima a las mujeres a trabajar en las fábricas
Rosie la remachadora anima a las mujeres a trabajar en las fábricas

En cuanto a la carrera espacial, la NACA (agencia antecesora de la NASA), utilizaba mujeres con grandes dotes matemáticas como «calculadoras humanas». Ellas eran las encargadas de realizar todos los cálculos necesarios sobre trayectorias de lanzamiento, órbitas, etc, solo con lápiz, papel y una regla de cálculo. La calculadora más conocida quizás sea Katherine Johnson (1918-2020). Su historia y la de otras mujeres afroamericanas que trabajaron como calculadoras humanas fue llevada al cine en 2016 por Theodore Melfi, en la película Figuras ocultas, basada en el libro de Margot L. Shetterly, publicado en España en 2017 por Harper Collins bajo el título Talentos ocultos.

Figuras ocultas, cartel de la película
Cartel de la película

En la época en que discurre el grueso de la novela, aún estaban vigentes en algunos estados las Leyes de Jim Crow, que segregaban a la población no blanca en lugares públicos, y aún faltan unos cuantos años para la Marcha sobre Washingtong (1963) y la promulgación de la Ley de Derechos Civiles (1964), por lo que la discriminación racial, incluso en los estados del norte, era un hecho.

Y ahora sí, vamos a hablar de la novela

Probablemente alguien se esté preguntando por qué dedicar tanto espacio a hechos históricos para hablar de una novela de ciencia ficción. Como decía al principio, creo que no se puede entender del todo el alcance de Hacia las estrellas sin tener en cuenta la época en la que se desarrolla. Porque es una novela de ciencia ficción ambientada en un pasado cercano y alternativo, una ucronía, con la particularidad de que ese pasado cercano nos ha marcado a muchos lectores de ciencia ficción y aficionados a la astronomía en general.

Kowal nos habla de la lucha de una mujer, Elma York, por hacer realidad su sueño: convertirse en astronauta. Tal cosa puede parecer poco extraordinaria en nuestros días, pero Elma quiere ser astronauta en los años 50 del siglo pasado. Históricamente y con los datos en la mano, a una mujer de esa época le habría resultado una tarea absolutamente imposible. Por suerte, Hacia las estrellas no es una novela histórica –aunque contenga muchos elementos y personajes históricos–, sino de ciencia ficción.

¿Qué podría hacer que en aquellos años una mujer pudiese siquiera concebir la idea de viajar al espacio? Hagamos una analogía: ¿qué es lo que, en la realidad, hizo que muchas mujeres se incorporasen al mundo laboral, lo cual parecía igualmente descabellado? En nuestra realidad histórica, fue la Segunda Guerra Mundial la que creó la urgente y perentoria necesidad de incorporar mano de obra femenina para que el aparato productivo no se detuviera. En la realidad ucrónica de Hacia las estrellas, es un evento capaz de causar la extinción de la especie humana sobre la Tierra el que crea la urgente y perentoria necesidad de conquistar el espacio, para encontrar un hogar alternativo para la humanidad.

Valentina Tereshkowa, la primera mujer en viajar al espacio
Valentina Tereshkowa, la primera mujer en viajar al espacio

Y este es el planteamiento inicial de la novela. A partir de aquí, asistimos a una carrera espacial muy semejante a la que hemos vivido, solo que a un ritmo acelerado, ya que ha dejado de ser una carrera entre potencias económicas para convertirse en una carrera contra el tiempo. Salir del planeta se convierte en una prioridad y las naciones más desarrolladas de la Tierra unen sus fuerzas en el empeño.

Elma York, nuestra protagonista, es una superdotada para las matemáticas, además de una habilidosa piloto de aviación, con varios años de servicio en la WASP (fuerza estadounidense de mujeres piloto durante la Segunda Guerra Mundial). Así que termina trabajando como calculadora en la NACA, y trata de hacer valer su experiencia como piloto para ser entrenada como astronauta.

Como podréis imaginar, Elma no lo tendrá fácil. A lo largo del libro, al mismo tiempo que debe combatir contra el machismo imperante en todos los órdenes de la sociedad, va descubriendo sus propios prejuicios machistas y también las injusticias de la segregación racial, en las carnes de sus compañeras calculadoras –muchas de ellas, también pilotos de la WASP–. Y todo esto lo va introduciendo la autora de forma gradual y delicada, a base de pequeños detalles, que no por sutiles dejan de ser reveladores.

La novela no se lee con interés: se devora. La protagonista, con su pasión por el espacio y las matemáticas, consigue apasionar también al lector. Y el efecto que causa la lectura es curioso. Los lectores de ciencia ficción estamos acostumbrados a leer sobre avances científicos que entendemos posibles pero aún lejanos en el futuro. En Hacia las estrellas no hay nada de eso. El nóvum de esta novela es únicamente el evento que desencadena la catástrofe. A partir de ahí, la tecnología sigue avanzando a un ritmo verosímil, que no la aleja mucho de lo que ya conocemos en nuestra realidad. Así que leer sobre esta particular carrera espacial es como ver un viejo documental sobre la época, con los medios, materiales y científicos, que se utilizaron en la realidad.

En este «documental», aderezado con la aparición de personajes históricos, hay una buena dosis de política nacional e internacional, donde quizá no todos los actores sean los que hemos estudiado en las libros de historia –no olvidemos que se ha producido una catástrofe a nivel planetario, que se ha cobrado sus víctimas–. Pero el papel de las mujeres calculadoras queda convenientemente enfatizado. Ellas y sus inquietudes son las protagonistas de la novela.

Y de ahí viene ese efecto tan curioso que me ha producido esta novela. Desde el principio del libro sabemos que estamos leyendo una ucronía. Sabemos que las cosas no fueron así. Pero lo impactante y lo que me ha hecho disfrutar tanto de la historia es que, salvando ese pequeño detalle del ELE (Extintion Level Event), las cosas podrían haber sido así. Es más, no podrían haber sido de otra manera.

Mary Robinette Kowal
Mary Robinette Kowal

Si una mujer se hubiese empeñado en ser astronauta tendría que haber sido una mujer extraordinaria, como Elma York. Si una mujer extraordinaria se hubiese empeñado en ser astronauta, tendría que haber demostrado capacidades por encima de la media de sus compañeros varones, como Elma York. Y, aún así, habría tenido que pasar por situaciones declaradamente discriminatorias y humillaciones, intencionadas o no, solo por su género, como Elma York.

En conclusión, Hacia las estrellas es una novela de ciencia ficción en la que asistimos a las dificultades que una mujer de los años 50 encuentra para cumplir su sueño de ser astronauta. La discriminación racial y de género y la lucha por la igualdad de derechos están también en el fondo de esta historia, en la que su autora realiza un ejercicio de imaginación portentosamente realista, si es que tal cosa es posible.

Un comentario

  1. Tengo bastantes ganas de leerla, creo que junta a la de Jemisin y la de Loperena, las novedades de cuarentena que me faltan que más ganas tengo. Desde que leí el relato de La señora astronauta de Marte, la querida Elma York tiene una huella en mi corazón 🙂

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