Maleficio. El brujo y su sombra: mafia brujeril

  • Título: Maleficio. El brujo y su sombra
  • Autora: Claudia Andrade Ecchio
  • Editorial: La máquina que hace Ping!
  • Formato: rústica con solapas
  • Disponible en e-book: sí
  • Nº de páginas: 202
  • Ilustración de cubierta: Juan Alberto Hernández
  • Fecha de publicación: junio de 2021
  • Fecha de lectura: marzo de 2022
  • Enlace de compra: web de la editorial

Claudia Andrade Ecchio es una autora chilena con al menos tres novelas publicadas en su país: La espera (Alfaguara 2016), a cuatro manos con Camila Valenzuela, Todavía (Libros del Pez Espiral, 2020) y Maleficio. El brujo y su sombra, publicado originalmente por Loba Ediciones en 2016 y que ahora La máquina que hace Ping! trae a los lectores españoles.

Hoy quiero hablarte de este libro porque toca unos cuantos puntos que creo que lo hacen especialmente interesante, y eso que no soy particularmente aficionada al tema de la brujería ni a la literatura juvenil, género con el que se suele asociar a Claudia Andrade. Aunque, si Maleficio es un ejemplo de lo que ella considera juvenil, creo que podría aficionarme a partir de ahora porque lo cierto es que la novela me ha gustado, y mucho. Vamos por partes.

El brujerío

La novela se sitúa en Chile en la época actual y la acción transcurre en su mayor parte en la ciudad de Concepción, por lo que la historia tiene un acusado componente de fantasía urbana, pero aderezado con las leyendas y tradiciones indígenas chilenas. Digamos que tenemos brujos y brujas modernos pero con una magia muy anclada en la tradición.

Uno de los elementos que más me ha gustado es precisamente el que aparece en el título del libro: las sombras de los brujos. En nuestra tradición europea, solemos asociar los «familiares» con animales –la típica bruja y su gato negro–, y lo mismo ocurre en otras culturas. Sin embargo, en Maleficio cada brujo tiene un espíritu, invisible para el resto de personas, incluidos otros brujos, que le acompaña permanentemente y con el que sella un pacto de por vida.

La relación entre cada brujo o bruja y su sombra, así como la naturaleza de esta, es siempre única y diferente. Se establece desde la infancia, como un pacto entre ambos, y debería funcionar como una simbiosis: la sombra ofrece consejo y protección a su brujo y también recibe algo a cambio. El qué ya depende de cada sombra pues, como digo, se trata de diferentes entidades, inmateriales pero poderosas, y cada una con sus propias necesidades y objetivos. Y no me extiendo más sobre este punto porque es central en el argumento de la novela y no quiero hablar de más.

Por otro lado, la brujería en este libro forma parte de la tradición de las familias, de tal forma que los conocimientos y habilidades se transmiten de una generación a la siguiente. Los principales protagonistas de Maleficio son los miembros más jóvenes de estas familias, y a algunos les cuesta aceptar las reglas impuestas por su condición de herederos y practicantes de una magia ancestral. La forma que tiene cada uno de rebelarse contra las normas resulta muy diferente, pero todas tendrán inesperadas consecuencias.

Lo de la mafia

Esto que te cuento de las familias ya de por sí recuerda bastante a la mafia italiana. Más aún cuando cada una se asocia con su propio tipo de magia y con un territorio concreto, quedando el país dividido según el área de influencia de cada grupo familiar. Los brujos resultan ser en esta novela, por lo tanto, seres familiares y territoriales –como los mafiosos–. Procuran ocultar su condición ante las personas corrientes, y ejercen su magia en su propio beneficio, dentro de su territorio, procurando no mezclarse con brujos de otras familias.

Claudia Andrade Ecchio
Claudia Andrade Echhio

Pero es que aún hay más. Una de las piezas importantes del argumento de la novela es la creación de una organización de brujos, con sede en Concepción, que agrupa a varias de las familias más relevantes para trabajar en pro de los intereses comunes. Ahora ya sí que está montada la organización mafiosa.

Esto puede sonar a pura fantasía, pero resulta que tal organización de brujos existió en Chile, o al menos eso se dice –hasta tiene entrada en la Wikipedia–, con el nombre de la Recta Provincia, hasta que a finales del siglo XIX fue desmantelada y sus miembros detenidos y sometidos al conocido como «juicio de los brujos de Chiloé» que, al parecer, no llegó a arrojar resultados concluyentes. En Maleficio son frecuentes las referencias a este proceso y a la antigua organización.

La trama, los diálogos y el «español de Chile»

La historia comienza con un asesinato. El lector conoce al asesino desde el primer momento, pero no sus motivos. Los brujos de la organización adivinan oscuras implicaciones y se embarcan en una investigación para descubrir al autor y sus intenciones. Pero no olvidemos que se trata de brujos y brujas de diferentes familias, con intereses particulares, y que las relaciones entre ellas no siempre han sido cordiales. El caldo para la conspiración, la suspicacia y la traición está servido. Más aún cuando uno de los principales refranes entre los hechiceros es «brujo confiado, brujo muerto».

Como digo, el principal interés que la trama suscita en el lector no es el asesinato en sí, ni siquiera el descubrir los motivos del asesino. A medida que avanza la novela van apareciendo nuevos interrogantes y se hace fuerte la intuición de que cada personaje –incluidas las sombras– oculta mucho más de lo que muestra, que ciertos sucesos del pasado, que se van descubriendo solo de forma parcial y progresiva, están precipitando los acontecimientos en el presente. Y no podrás parar de leer hasta tener una visión completa de la historia.

Tengo que señalar que, aunque la novela queda perfectamente cerrada –y seguramente el final te sorprenderá–, también deja abierta la posibilidad de una continuación. Espero que esto se corresponda con las intenciones de la autora más que con mis propios deseos, y pronto podamos disfrutar de una segunda parte.

Por otro lado, el ritmo narrativo de la novela resulta muy rápido y ágil, y a ello contribuyen en gran medida los inteligentes y chispeantes diálogos entre los personajes «de carne y hueso» pero también, y de forma muy especial, entre estos y sus sombras.

Hay que señalar que Claudia Andrade escribe en «español de Chile», es decir, utiliza modismos y giros propios de aquel país, y la editorial, con muy buen criterio, ha respetado esta característica de la prosa, incluyendo al principio del libro un pequeño glosario con los términos que más dificultades podrían ocasionar al lector. Puede que esto desanime en principio a algunos aficionados al género, pero mi consejo es que no se lo piensen dos veces. Las palabras más extrañas para el lector español aparecen solo en los diálogos, como giros del habla coloquial que son, y se capta perfectamente el sentido de las frases. Yo misma, que no había leído antes ningún libro con este tipo de lenguaje, no tuve que recurrir al glosario más que en un par de ocasiones. Y, desde luego, la riqueza y el interés de la historia compensan cualquier pequeña dificultad con el vocabulario.

Por resumir, Maleficio, el brujo y su sombra me ha parecido una novela con una trama absorbente, unos personajes –reales y sombríos– memorables y unos diálogos especialmente bien escritos, ambientada en un Chile impregnado de tradiciones mágicas e historias de brujería que, como valor añadido, tienen cierta base históricamente documentada. Nos habla de la afirmación de la propia identidad y la rebelión frente a las imposiciones de una tradición familiar fuertemente arraigada pero que, quizás, tengan su razón de ser.

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