Huérfanos de la Tierra: cangrejos, almejas y Arquitectos

  • Título: Huérfanos de la Tierra (Saga de los Arquitectos I)
  • Autor: Adrian Tchaikovsky
  • Editorial: Alamut
  • Formato: tapa dura
  • Disponible en e-book: no
  • Traducción: Julián Díez
  • Ilustración de cubierta: Maciej Garbacz
  • Fecha de publicación: junio de 2022
  • Fecha de lectura: junio de 2022
  • Enlace de compra: Cyberdark

Desde la publicación en 2018 de Herederos del tiempo (Alamut) somos legión los fans de Tchaikovsky en España. O quizás no tantos, pero lo cierto es que hacemos mucho ruido. Tanto, que conseguimos que se agotara la segunda edición de la novela cuando la editorial nos lanzó el reto para publicar su segunda parte, Children of ruin (Orbit, 2019, Premio de la BSFA a mejor novela ese año y anunciada para este 2022 como Herederos del caos por Alamut).

Mientras esperamos por tan ansiada secuela, los tchaikovskers estamos de enhorabuena pues, además de tener ya en librerías este Huérfanos de la Tierra –también premio de la BSFA a mejor novela, en 2021–, del que en seguida te hablaré, Red Key Books ha anunciado la próxima publicación en castellano de Elder race y Made things, dos novelas cortas de fantasía, con algún toque de ciencia ficción la primera. Esperemos que la crisis del papel no retrase demasiado sus planes editoriales.

El mundo y la historia

Pero vamos al lío. ¿Qué te vas a encontrar en Huérfanos de la Tierra? ¿Se parece a Herederos del tiempo? Pues la verdad es que no se parecen mucho. Siendo sincera, Herederos del tiempo me pareció una novela mucho más innovadora y arriesgada, y precisamente por eso me gustó tanto. Lo cierto es que mis expectativas estaban muy altas y que un autor no puede sorprender a su público en cada nueva obra.

Dicho lo cual, Huérfanos de la Tierra es también una muy buena novela de ciencia ficción. De hecho, como hizo en Herederos del tiempo, Tchaikovsky juega con todos los lugares comunes o tropos clásicos del género. También es una space opera, en la que la humanidad ha colonizado otros planetas y conocido nuevas formas de vida alienígenas; hay naves generacionales y colonos espaciales; conflictos políticos, batallas y escenas bélicas en el espacio; IAs y transhumanismo… El paquete completo, en dos palabras.

Sin embargo, el resultado es completamente diferente del conseguido con Herederos del tiempo. En mi opinión, lo que hacía de aquella novela algo especial era la parte dedicada al nacimiento y evolución de las arañas, tanto biológicamente como en el aspecto social, y la creación de ese mundo bio-tecnológico tan extraño y sorprendente. Y claro, eso no lo encontrarás en Huérfanos de la Tierra.

Lo cual no significa que no vayas a encontrar muchas otras ideas y criaturas novedosas, sorprendentes y disfrutables. Solo que no son arañas. Empecemos con el novum principal del libro: los Arquitectos. Son unos seres alienígenas, del tamaño de lunas, que aparecen de pronto junto a un planeta y lo arquitecturizan, esto es, lo convierten en una especie de escultura espacial, acabando de paso con todo rastro de vida que pudiera contener. Constituyen el gran misterio de la novela –y me atrevo a suponer que de la saga–, porque nadie sabe de dónde vienen, por qué hacen lo que hacen ni cómo enfrentarse a ellos.

Todos los tchaikovskers sabemos de la gran afición de este autor por la zoología en general y los insectos en particular, por lo que una novela de Tchaikovsky sin bichos no nos parecería una novela de Tchaikovsky. En Huérfanos de la Tierra encontrarás una buena muestra de la imaginación del escritor al idear especies alienígenas: seres bivalvos popularmente conocidos como «las almejas», crustáceos mercantilistas tuneados con pantallas en las patas y el caparazón, que pragmáticamente utilizan para llevar publicidad –y cobran por ello, claro–, gusanos gigantes, langostas nómadas chatarreras, especies simbióticas… Y los desconocidos y misteriosos Originarios.

Pero Tchaikovsky no solo le echa imaginación a las especies alienígenas, también la humanidad ha evolucionado dando lugar a nuevas formas de vida. Las parteni son soldados humanas creadas en laboratorio a partir de una selección de material genético: los colmeneros son IAs compuestas por insectos robotizados –¡mira, insectos!– creados por los humanos pero que han conseguido independizarse.

¿Y qué hace el autor con todos estos elementos? Los mezcla para construir la historia de la lucha de todas estas especies inteligentes contra la destrucción indiscriminada y atroz de los Arquitectos. Y claro, cuando varias especies han de unirse para hacer frente a un enemigo común, es bastante probable que surjan suspicacias y conflictos diplomáticos entre ellas. Sobre todo si una de esas especies es la humana que, además, aporta sus propios conflictos internos.

Los personajes y el trasfondo

Aunque el entramado político tiene su importancia en Huérfanos de la Tierra, lo que realmente destaca en esta novela –aparte de la maravillosa y terrorífica idea de los Arquitectos, por supuesto– son sus personajes. Los protagonistas de esta historia son los tripulantes de la Dios Buitre, una nave de rescate que, tras un trabajo aparentemente rutinario, se convierte en el centro de los intereses de todas las facciones implicadas en un conflicto político y diplomático, además de enfrentarse a la posible aparición de los Arquitectos.

La tripulación es una bonita mezcla de humanos, alienígenas y seres sentientes artificiales que comparten lazos de amistad tan profundos que en esencia son como una familia. Esta idea me hace pensar en Huérfanos de la Tierra como una mezcla entre The Expanse y El largo viaje a un pequeño planeta iracundo. Se parece a la primera en el tipo de aventuras que ocurren –una tripulación enfrentada a una amenaza de nivel intergaláctico y teniendo que lidiar, además, con distintos intereses políticos– y a la segunda en la mezcla de especies que conviven en un espacio reducido, como es una nave espacial, dándose apoyo no solo profesionalmente, sino también en lo personal.

Tengo que reconocer que no soy especialmente fan de la novela de Becky Chambers. Me gusta que en las novelas de ciencia ficción aparezcan especies alienígenas cuanto más extrañas mejor, y me gusta ver cómo cada autor o autora analiza y describe las relaciones entre ellas. Pero cuando todo es tan bonito que, al final, no pasa nada, me aburro un poco. Eso no me ha ocurrido con Huérfanos de la Tierra. Al contrario. La tripulación de la Dios buitre está muy unida y vive en aparente armonía al principio. Pero a lo largo de la novela sufre diversos cambios en su composición –sí, algunos personajes desaparecen y se incorporan otros– que aportan el grado de conflicto interno suficiente para que la historia resulte mucho más creíble y rica en cuanto al desarrollo de los personajes.

Precisamente esta riqueza y variedad de los personajes y especies están muy bien aprovechados para plantear temas que merecen reflexión. Quizás el que más ha llamado mi atención es el de las posibles consecuencias del desarrollo científico-tecnológico, que se refleja de varias formas en la novela. Las parteni son, como decía, soldados creadas en laboratorio, con el objetivo último de luchar contra los Arquitectos. En el largo período de tranquilidad que precede al inicio de la novela, parecen haber dejado de ser necesarias. Es entonces cuando algunos empiezan a cuestionarse su humanidad, incluso a percibirlas como un peligro potencial. Pero no son la única arma humana contra los Arquitectos. También los intermediarios –no explicaré quiénes son, prefiero que lo descubras tú– son tratados con crueldad cuando no hay una amenaza inminente y corren peligro de convertirse en moneda de cambio cuando sí la hay.

En cuanto a la experiencia lectora, bueno, es Adrian Tchaikovsky. La emoción, la intriga y el fino sentido del humor están garantizados. A pesar de lo voluminoso del libro y de sus casi quinientas páginas, se lee en un santiamén, casi se devora. La traducción de Julián Díez, por supuesto, contribuye a ello en buena medida.

Esta edición incluye, además, algunos extras. Aparte de un glosario y un pequeño apéndice con la cronología de la guerra con los Arquitectos, la destrucción de la Tierra y la reorganización de la humanidad en las Colonias –esto no es un spoiler: cuando comienza la novela la Tierra ya ha sido arquitecturizada, de ahí el título–, que nos vendrán muy bien cuando se publique la segunda parte, podrás leer también el relato Economía de bajo consumo, una pequeña maravilla ácida, cruel y emotiva a la vez.

En resumen, Huérfanos de la Tierra es una muy buena novela de ciencia ficción: ágil, entretenida, divertida, llena de sentido de la maravilla y con personajes inolvidables, como los de Herederos del tiempo. No son arañas, pero los colmeneros y los cangrejos también molan mucho.

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