pequeños dioses y otros cuentos blancos: tim pratt en estado puro

Pequeños dioses y otros cuentos blancos, de Tim Pratt (La máquina que hace PING!, 2020)
  • Título: Pequeños dioses y otros cuentos blancos
  • Autor: Tim Pratt
  • Editorial: La máquina que hace PING!
  • Formato: rústica con solapas
  • Nº de páginas: 216
  • Ilustración de cubierta: Thierry Torres Rubio
  • Traducción: María Pilar San Román, Silvia Schettin, David Tejera, Roberto Pino Botella y Sergio Saldaña Royo
  • Fecha de publicación: marzo 2020
  • Fecha de lectura: mayo 2020
  • Enlace de compra: web de la editorial

Pequeños dioses y otros cuentos blancos es una colección de relatos de Tim Pratt, autor norteamericano al que seguro que todos conocéis de sobra, ganador de un premio Hugo y finalista en los Nébula, World Fantasy Awards, Sturgeon, Bram Stoker y otros.

Yo le conocí (literariamente) gracias al blog de Marcheto, Cuentos para Algernon, en el que traduce y publica totalmente gratis cuentos de los mejores autores y autoras en lengua inglesa. Creo que fue precisamente Pequeños dioses, el que da título a este libro, el primer cuento de Tim que leí. Y me quedé prendada. Del cuento, y de la persona que se adivina detrás de la pluma y que ha sido capaz de escribirlo.

Así que, aunque se supone que todos hemos venido aquí a hablar del libro de Tim, creo que me va a salir otra cosa. Esto no va a ser una reseña. Por si acaso, os dejo antes la información esencial, la que se supone que necesitáis para decidiros a comprar el libro, y después ya me explayo en «lo otro», la «no reseña».

Pequeños dioses y otros cuentos blancos: el libro

Esta colección contiene once cuentos de Tim Pratt, de extensión más que variable. O mejor debería decir diez cuentos y un poema. De esos once textos, solo dos estaban inéditos en castellano hasta ahora: Tres peticiones a la reina del infierno y Su voz en una botella.

Esto quiere decir que es posible –incluso probable– que ya hayas leído alguno de los otros nueve. Cuatro de ellos –y alguno más de Tim– están disponibles en Cuentos para Algernon, otros cuatro fueron publicados por la extinta Fata Libelli en el que creo fue el primer libro de Tim Pratt en castellano, Hic sunt dracones, y el último apareció en El viento soñador y otros relatos (Sportula, 2018).

No os voy a contar nada en particular de cada uno de los cuentos. Son todos pequeñas joyas, desde el ultra-corto Carta al más largo, Siegaespectros. Los temas, tonos y escenarios son variados aunque, como comentaré más adelante, se pueden encontrar algunas constantes en varios de los textos.

No suelo comentar gran cosa sobre las traducciones en mis reseñas, porque no me considero cualificada para juzgar si un texto está bien o mal traducido ni si se podría haber hecho mejor. Pero una de las máximas que se suele aceptar con respecto a este oficio es que la mejor traducción es aquella que no se nota. En este caso sí merece la pena señalar que en Pequeños dioses han intervenido cinco traductores distintos –en la ficha del libro, arriba, tenéis sus nombres–, y yo no he sido capaz de notar diferencias de estilo entre unos cuentos y otros. Así que debo deducir que todas las traducciones son magníficas y que permiten que se respire el estilo del autor.

Hic Sunt Dracones, de Tim Pratt (Fata Libelli, 2013)
Cubierta de Hic Sunt Dracones, de Tim Pratt (Fatal LIbelli, 2013)

Y tampoco suelo hablar de la parte física de la edición, salvo en casos contados en los que merece la pena destacarla, y este es uno de esos casos. El libro no es muy grande ni muy grueso, y es uno de esos libros que resulta agradable tener entre las manos. No sé por qué hay libros que no tienen esa característica. Puede que sea la calidad del papel y la textura mate de la cubierta, la página de separación entre relatos, que contiene el título y una sugerente ilustración… No lo sé, pero me gusta.

En definitiva. Aunque contenga textos que ya hayas leído, incluso aunque tengas la suerte de ser el orgulloso propietario de un ejemplar –digital– de Hic sunt dracones, y aunque algunos de los cuentos puedas leerlos gratis en Cuentos para Algernon, mi opinión es que merece la pena comprar este libro. Y, aunque es posible que cuando se publique esta reseña, o poco después, esté disponible la versión en e-book, te animo a comprarlo en papel. Creo que merece la pena. Yo voy a conservar mi ejemplar físico como la joya que es.

Y ahora voy a hablar de Tim Pratt

Pues eso, que aunque hayamos venido aquí a hablar del libro, a mí lo que me apetece es hablar de Tim, o al menos de su literatura. Aunque sí, utilizaré Pequeños dioses y otros cuentos blancos como excusa y como ejemplos de lo que diga. Puede que hayas notado que me refiero a él como Tim, así, sin apellido ni nada, como si fuera mi colega de toda la vida, cuando la verdad es que no tengo el placer de haber intercambiado ni una palabra con él en mi vida. Vamos, que él ni siquiera sabe que existo. Pero después de haber leído sus cuentos, así es como lo percibo yo, como un colega, una persona genial a la que parece que conociera de toda la vida. Y eso es lo que trataré de explicar.

No sé qué tienen los cuentos de Tim Pratt, que me emocionan. Todos y cada uno de ellos. Y no es que yo sea una persona especialmente sensible, más bien al contrario. Cuando digo que me emocionan, no quiero decir necesariamente que se me forme un nudo en la garganta ni que se me escape alguna lagrimita cuando lo leo –que, a veces, sí–, sino que con sus textos es capaz de despertar cualquier emoción: tristeza, alegría, angustia, desesperación, resentimiento, resignación…

Y no solo consigue manejar mis sentimientos como si él fuese un titiritero emocional y yo una simple marioneta, sino que la mayor parte de las veces me descubro sonriendo como una tonta mientras lo hace. Porque es que, además, tiene mucha gracia el tío, un sentido del humor muy fino y sutil que impregna cada cuento, por trágicos que sean los hechos narrados o por tristes que se sientan sus personajes.

Creo que el mejor ejemplo de esto que digo es precisamente Pequeños dioses, un cuento precioso sobre la pérdida, el duelo, la culpa y la superación de todo ello, sobre la fuerza de la vida que debe continuar a pesar de todo. Este es de los que arrancan lagrimitas y ponen nudo en la garganta, pero aún así tiene sus momentos simpáticos, como las conversaciones entre el protagonista y ciertas apariciones.

Del mismo modo, Tres peticiones a la reina del infierno habla también de la pérdida de un ser querido y de lo que estaríamos dispuestos a hacer para recuperarlo. En ese sentido, es un relato muy emotivo, pero la relación entre las reinas regentes del infierno resulta hilarante a veces y… Sí, también emotiva al final.

Tim Pratt
Tim Pratt. No me diréis que no parece un tipo simpático.

Otro buen ejemplo de la forma en que Tim sabe manejar a sus lectores –o, al menos a esta lectora– es el ultra-corto Carta. Un texto que ocupa una sola página del libro. De nuevo encontramos el duelo y la pérdida –ya decía al principio que se podían buscar algunas constantes en los cuentos incluidos en esta colección–. Y en tan solo una página, Tim es capaz de transmitirnos todo el dolor de una pérdida y la esperanza, contra toda razón, de recuperar al ser amado.

No todos los cuentos de Pequeños dioses tratan sobre el duelo. Siegaespectros o la vida después de la venganza nos habla precisamente de eso, de la inutilidad de la venganza, en clave de humor –aunque, estrictamente hablando, en este relato el deseo de venganza nace precisamente de una pérdida y, por lo tanto, de un duelo mal llevado–. Romance científico es, simplemente, la mejor declaración de amor friki que he leído en mi vida. Sueños imposibles es una historia de amor improbable, entre habitantes de realidades paralelas, y toda una lección de cinefilia.

Otro tema recurrente en los cuentos que contiene este libro son los antiguos amores, perdidos y posteriormente reencontrados, para bien o para mal. Este tema es central en Su voz en una botella y el desencadenante de la trama en El sótano del mundo. También aparece de forma tangencial en El pez limpiafondos. Otro truco de titiritero emocional. ¿Habrá algo más universal, una forma más segura de llegar al corazón de cualquiera, que la añoranza de un primer amor, o de un amor pasajero, idealizado en el recuerdo a lo largo de los años?

Pero si hay un rasgo que está presente en todos y cada uno de los relatos de este libro –y en otros de Tim que he leído– es la originalidad y la sorpresa implícitas en todos sus finales. Digamos que, como buen titiritero, sabe llevar al lector por donde quiere, dejando que se confíe con tanta emotividad y delicado humor para, al final, salirse por la tangente con finales que no sabría definir. «Inesperados» se queda corto. Eso se puede decir de un final en el que esperas que el protagonista se salve venciendo todas las dificultades pero resulta que se muere. Eso es inesperado, sin más. Los finales de Tim son más que inesperados, en muchísimos casos, son finales que cambian por completo el significado del cuento,o desmontan totalmente las ideas preconcebidas que el lector se había ido creando.

Creo que, de los que aparecen en Pequeños dioses, los cuentos que mejor ilustran esto que acabo de decir son El pez limpiafondos y La copa y la mesa. En este último hay viajes en el tiempo, una secta y una copa mística. Pero la frase final es… No sé, tan sencilla y mundana, tan desgarradora a la vez y Tim le da un significado tan trascendente que me deja sin palabras. Lo mismo ocurre con El pez limpiafondos. Todo el tiempo creía estar leyendo un cuento sobre la pérdida y una especie de lucha entre hombre y pez, al estilo El viejo y el mar, y resulta que… No. Y todo el tiempo tenía las señales delante de mis ojos.

En resumen, esto es lo que tiene Tim que me encandila: una capacidad inmensa para manejar las emociones del lector, que creo que tiene que ver también con su saber hacer al utilizar la fantasía para hablar de sentimientos universales; un sentido del humor que yo calificaría de delicado y sutil, pero innegable. Y una gran habilidad para «salirse por la tangente» al final, que hace sus textos doblemente disfrutables.

Y por todo esto es por lo que veo a Tim como una persona –además de autor– excepcional: dotada de una gran sensibilidad y empatía, o no sería capaz de transmitir todas esas emociones de una forma tan natural, sin forzar absolutamente nada; con un gran sentido del humor, del tipo de humor que no necesita víctimas propiciatorias, solo inteligencia y complicidad; y, probablemente, dotado de ese tipo de pensamiento que llaman «lateral» o «transversal», capaz de encontrar soluciones imaginativas a problemas aparentemente irresolubles, o de enfocar las cosas desde puntos de vista insólitos, como demuestra en sus relatos. ¿No os encantaría tener un colega así? Pues leer cuentos de Tim es lo más parecido a tenerlo.

Espero no haberme pasado de entusiasta y emocional en esta no-reseña, pero Tim es lo que tiene: emotividad contagiosa.

Por si no has leído nada de Tim

Para aquellos que no hayan leído antes a este autor tan especial y quieran hacer una «lectura de prueba» antes de decidir si comprar o no el libro, me permito sugerir una visita a la web de Marcheto, Cuentos para Algernon. A continuación os dejo los enlaces a cuentos de Tim que no están en Pequeños dioses y otros cuentos blancos.

Otro final del imperio, de Tim Pratt (Cuentos para Algernon, 2012)
Portada de Otro final del imperio, de Tim Pratt, en Cuentos para Algernon

2 comentarios

  1. Para mi Pratt es pura emoción. Puede ser alegria, tristeza, soledad,… me da igual, siempre me transmite algo. Como bien dices, con pasmosa facilidad. Aún recuerdo cuando leí por primera vez Sueños imposibles con total claridad, en mi kindle nuevecito, justo mi primera compra de Fata Libelli. Fue él quién me hablo a la cara y me dije: hey Dani, el relato corto de género también mola. Esto es lo que estabas buscando. Y desde ese momento, no me puedo perder un cuento de él. Es como droga. Y encima en este antología se recogen algunos de mis favoritos, por fin en físico. El papelico siempre gusta más. Es leer El sótano del mundo y me emociono. Es sentir el bagre de El pez limpiafondos y venir la lagrima. Es leer Pequeños Dioses y terminar con una sonrisa esperanzadora. Es leer Sueños imposibles y creer en el amor y el destino. Pratt es especial. Necesitamos más 🙂

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