Nos devoró la niebla: terrorífica y conmovedora

  • Título: Nos devoró la niebla
  • Autora: Marina Tena Tena
  • Editorial: Insólita
  • Formato: rústica con solapas
  • Nº de páginas: 248
  • Disponible en e-book: sí
  • Fecha de publicación: abril de 2022
  • Fecha de lectura: mayo de 2022
  • Enlace de compra: Lektu

Marina Tena Tena se está convirtiendo en una de las autoras nacionales con más proyección en el panorama de la literatura de terror. Yo la descubrí con Legado de plumas (Literup, 2018) y la seguí leyendo en Canción de sal (Grupo Amanecer, 2019) y Brujas de arena (Insólita, 2020). Mientras tanto, ha ganado el Premio Ignotus 2021 a mejor libro infantil-juvenil –ex-aequo con Anna Roux–, por No escuches a la luna (Literup, 2020). Hoy te traigo su última novela, con un título tan sugerente como perturbador es su contenido.

Uno de los rasgos que más admiro en esta escritora es su manera de empezar las novelas. Ya lo comentaba en las reseñas de Legado de plumas y Brujas de arena, y Nos devoró la niebla no es una excepción. Cito las primeras líneas para que veas a qué me refiero.

Mi hermana desapareció la mañana en la que yo decidí odiarla.

Nos devoró la niebla, pág. 11

Este comienzo no solo te impacta como un balonazo en la frente, sino que consigue crearte la necesidad de seguir leyendo y, al mismo tiempo, transmite una idea bastante fiel de lo que vas a encontrar en el resto de la novela, por no decir que resume en una sola frase genial el tono y el tema de la historia que después va a desarrollar. Es, sencillamente, brillante.

La verdad es que, después de leer esa primera frase, me parece un poco redundante todo lo que yo pueda contarte sobre la novela. Pero esto es una reseña y se supone que tengo que dar mi opinión y ofrecer alguna reflexión útil sobre este libro, así que allá voy.

Lo primero que debo advertir es que Nos devoró la niebla contiene una historia dura. Muy dura. Pero eso ya te lo podías imaginar solo con leer la primera frase ¿verdad? Claudia es la narradora, y Candela su hermana gemela, que desapareció en la niebla cinco años atrás junto al resto de sus compañeros de clase. Si Claudia se salvó y vive para contarlo fue por pura casualidad, porque ese día no pudo ir de excursión.

La dureza de la historia reside, en gran medida, en el sentimiento de culpa de Claudia por ser la única superviviente, por haberse librado del destino cruel que esperaba a su hermana y a otros veinticinco niños. Pero la cosa no termina ahí, porque, al parecer, todo el pueblo e incluso sus propios padres son de la misma opinión. Indiferencia y rechazo es lo único que nuestra protagonista recibe de su entorno más cercano, por lo que al principio de la narración Claudia está inmersa en una espiral de soledad, tristeza y culpabilidad que la ponen en un estado rayano en la depresión.

Marina Tena Tena
Marina Tena Tena

Por otro lado, en el pueblo se respira un ambiente insano. Al parecer, la desaparición de los niños no es un caso aislado, y la aceptación resignada y el secretismo son las reacciones de la comunidad ante una situación claramente insólita, probablemente justificadas por una leyenda bastante negra sobre el pasado del pueblo. No te contaré nada sobre ella, pero la referencia al flautista de Hamelin es inevitable.

Uno de los rasgos que más disfruté en esta novela es, precisamente, la manera en que Marina va dando forma y pintando ese ambiente enrarecido a lo largo de los primeros capítulos del libro. Con solo algunas frases que va dejando caer por aquí y por allí, con los diálogos entre Claudia y otros personajes y con las reflexiones de la protagonista, te hace respirar el aire de un pueblo extraño, cerrado y marcado por las desapariciones y el sentimiento colectivo de culpa y merecida penitencia.

Sin embargo, no todo es oscuridad y opresión en esta novela. La llegada de nuevos vecinos, «gente de fuera», que nada saben de la leyenda ni de la supuesta penitencia que pesa sobre el pueblo, supone para Claudia no solo un soplo de aire fresco y un rayo de esperanza sino también una suerte de revulsivo que la hará reaccionar contra esa pesimista resignación que impera a su alrededor.

Nos devoró la niebla tiene, al menos, dos capas de lectura que se entrelazan y complementan entre ellas. Por un lado, es una novela de terror, sí. Tiene su elemento fantástico, ese «algo» sobrenatural que pone los pelos de punta. Se desarrolla en un ambiente que ya es bastante enrarecido al principio y va haciéndose cada vez más ominoso hasta llegar al paroxismo en las escenas finales. Y da mucho miedo, claro, es Marina Tena quien está a los mandos. Si te gusta el terror, seguro que disfrutarás con esta novela.

Pero, al mismo tiempo, contiene una historia mucho más intimista y profunda. A través de la relación de Claudia con su hermana gemela, antes y después de la desaparición de esta, y del espaldarazo que para ella supone la llegada de su nueva amiga, la novela nos habla de la pérdida y del duelo, de culpa y penitencia, de la disyuntiva entre resignación y aceptación o lucha, entre cobarde sumisión o acción y coraje. El viaje de Claudia es mucho más que una incursión a las profundidades del bosque: es también un viaje interior, que no te contaré como termina, pero sí puedo adelantarte que me ha resultado profundamente conmovedor.

En resumen, Nos devoró la niebla es una novela de terror sobrenatural con una clara inspiración en un conocido cuento infantil que, además de la tensión propia del género, te lleva a un miedo más íntimo y profundo a través de la psicología de su conmovedor personaje protagonista.

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